domingo, 17 de diciembre de 2017

La ancestral sacralidad en torno a la Ermita de San Benito, Orante-Jaca

Recientemente, gracias a un amigo, conocí la existencia de la Ermita de San Benito, perteneciente a la pequeña aldea de Orante, dentro del municipio de Jaca, en la comarca de La Jacetania, la cual nos recuerda al nombre de ese antiguo pueblo íbero -jacetanos o iacetanos-, y que en la actualidad -ahora me estoy refiriendo a Orante-, tristemente, sólo cuenta con cinco habitantes, siendo, por tanto, una muestra más del atentado que se hizo contra el mundo rural. Pero adentrándonos en la antigua sacralidad que rodea a este enclave, no hace muchas fechas su fuerte poder telúrico, que influía, incluso, en personas no sugestionadas que acudían hasta este lugar, provocándoles distintas reacciones fisiológicas, no muy comunes, alterando, incluso, en algunos casos su conciencia en cierto modo, fue objeto de un reportaje en un famoso programa televisivo, a partir del cual mi amigo escuchó hablar de esta ermita, para después informarme sobre ella.
Según se decía en este programa, esta ermita está construida sobre el lugar en el que había un megalito; desconocemos el origen de este dato, pero no resultaría nada extraño, sabiendo que este sincretismo, incluso podríamos denominarlo casi como simbiosis sacra, se repite en tantos otros ejemplos. Lo que sí se puede comprobar, a la distancia, a través de fotografías, es que se encuentra en lo más alto de un cerro que emerge sobre una especie de altiplano o meseta, donde se sitúa también la aldea, y que se conoce como el Cerristón, encontrándonos, de nuevo, ante la sacralización de un punto elevado. Aunque, en este caso, parecen más bien que fueron esas fuerzas telúricas, que han podido sentir muchas personas a lo largo de los siglos y milenios, las que hicieron elegir este lugar desde bien antiguo.
Nos despedimos con una curiosa teoría alrededor de este lugar, que hemos encontrado, y que traemos a continuación.

Ermita de San Benito de Orante - Foto: pinterest.es

Fuente: javiyera.blogspot.com

...es con relación al Sol,donde la ermita de San Benito muestra todo su Misticismo.......Sólo hay cinco santuarios benedictinos en estas montañas.Estos,puestos en un mapa y unidos por lineas,forman una equis.Ahí donde se cruzan las diagonales,es donde sitúa a la ermita de Orante,y si nos situamos en la misma el día de solsticio de verano,observaremos que el sol sale por San Benito de Erata y se pone por San Salvador de Leyre.Si lo hacemos el día del solsticio de invierno,observaremos que el sol sale por Santa María de Ballarín y se pone por San Juan de la peña........¿Mera Casualidad? o, ¿Mera Causalidad?.....
                   Orante (topónimo indoeuropeo,de "oros" = montaña) fue un observatorio astronómico-solar desde tiempos remotos,cuando menos desde los Celtas.Restos arqueológicos del bronce atestiguan la presencia humana en el lugar,por lo menos a principios del I Milenio A.C.En el siglo XI,los benedictinos,por encargo de la Monarquía,fueron quienes "de facto" evangelizaron estas montañas y vertebraron muchos sistemas territoriales y sociales que aún pueden apreciarse......
                   Como Testigos de ello,Orante es uno de los más claro ejemplo de cristianización de viejos cultos Solares.Sabido es que la iglesia se implantó en estas tierras asimilando los cultos que en ellas imperaban y aprovechando el amplio mundo cultural y simbólico de los indígenas pirenaicos......


sábado, 16 de diciembre de 2017

El gigante Tombatossals: fundador de Castellón de la Plana

Si en nuestra última entrada hablamos de un gigante como fue Gerión, hoy traemos la figura de otro, menos conocido, pero no menos importante para los castellonenses, como es el El Gigante Tombatossals, que fue, según dice la leyenda, historia que hemos conocido gracias a nuestro buen amigo Miguel Eugenio Lozano, el fundador de Castellón de la Plana. Se dice era hijo de dos montañas -la Penyeta Roja, que era la madre, y el Tossal Gros, que era el padre- y habitante de La Cova de les Maravelles. Josep Pasqual Tirado recogió este mito castellonense, del que desconocemos su antigüedad, en una obra literaria, publicada en 1930, y titulada, precisamente, Tombatossals.
Nos parece muy interesante la conexión que se da, tan típica en los mitos más ancestrales de nuestra cultura occidental, con elementos naturales como las montañas, que ya sabemos que en muchas ocasiones eran objeto de veneración, una cueva, también sacralizadas en gran número de casos, y esos personajes mitológicos como son los gigantes.

Escultura de Tombatossals en Castellón de la Plana - Foto: descubrecastellon.com

Fuente: Wikipedia

Tombatossals es un gigante bueno que con la ayuda de sus amigos hace posible la fundación de la ciudad de Castellón de la Plana. Nace fruto del amor entre la Penyeta Roja y el Tossal Gros durante una fuerte tempestad producida por Bufanúvols a petición del segundo. En aquella tempestad, todos los vientos excepto la Tramuntana por alocada y peligrosa fueron convocados, y se arremolinaron en el cielo descargando una tempestad que arrastró una gran cantidad de piedras montaña abajo, hacia el valle que les separaba. Del montón de piedras se levanta, con los primeros rayos de sol, su querido hijo Tombatossals, que como su nombre indica, tenía la fuerza suficiente para levantar o tumbar las montañas.
Con el tiempo hará un montón de amigos también gigantes, estableciéndose todos en La Cova de les Maravelles. Así Tombatossals, su gran amigo Cagueme, Bufanúbols y el Arrancapins vivieron como buenos hermanos dentro de la cueva hasta que los hijos del Rei Barbut solicitaron su ayuda para arreglar los asuntos agrarios del reino, pero la cosa se complicó y todos se vieron envueltos en una gran aventura.
En honor de Tombatossals se convoca anualmente en Castellón un premio de literatura infantil ilustrada.


martes, 12 de diciembre de 2017

Gerión y Hércules en Galicia: un mito de la Baja Edad Media - La Coruña

Hoy traemos a un personaje mítico autóctono, de la Península Ibérica, que poca gente, que no sea oriunda de La Coruña -A Coruña en gallego-, relacionaría con esta ciudad gallega. Estamos hablando de Gerión, del que se decía que fue uno de los reyes legendarios fundadores de la antigua Tartessos, de ahí que siempre se le vincule con el sur y así queda reflejado en las fuentes clásicas. Pero ya sabemos que en La Coruña existe un antiguo faro que tiene su origen más lejano conocido en el periodo romano -aunque se especula que pudiera haber sido construido sobre otro más antiguo-, que es conocido como la Torre de Hércules y ya sabemos que Hércules -el Heraklés griego y el Melkart fenicio, que es con el personaje que verdaderamente nace este mito en la Antigüedad- fue el enemigo acérrimo de Gerión y quien, finalmente, le acabó dando muerte.
Esto le añade más atractivo a este mito, pues desde este punto de vista no se circunscribe únicamente al suroeste peninsular, sino que se acerca también a su extremo noroccidental.
Pero, a pesar de lo apuntado, hemos de decir que quizás estemos ante una leyenda mucho más cercana en el tiempo de lo que pudiera parecer, pues según se dice no existe ninguna fuente que vincule a ambos personajes -Gerión y Hércules- con La Coruña que sea anterior al relato recogido en General Estoria, de Alfonso X, obra en la que se dice que, finalmente, Hércules acabó dando muerte a Gerión en la antigua Brigantium. De este modo, se dice que hasta ese momento nunca se vinculó al faro de La Coruña con Hércules, pues desde finales de la Antigüedad, hasta finales de la Edad Media, la torre era conocida únicamente como Faro o Faro de Brigantium; incluso durante la propia Edad Media a la ciudad y a la comarca en la que se encuentra se la llamaba Faro, sin la menor alusión a Hércules. Es importante apuntar que junto a la Torre hay una inscripción votiva romana dedicada, sin embargo, a Marte y no a Hércules, lo que, casi que seguro, nos haría tirar por la borda las antiguas vinculaciones entre estos personajes mitológicos con la ciudad de La Coruña, que no fueran más allá de la obra de Alfonso X.

La Torre de Hércules - Foto: ifspanish.com


Fuente: laopinioncoruna.es

Volviendo a la ciudad gallega de La Coruña, resulta que como de todos es sabido su monumento más antiguo y conocido es precisamente la torre de Hércules. Se trata de un faro ciertamente de época romana (S. II d.C.) pero cuyo origen al igual que el de la ciudad bien podría remontarse a los tiempos en que su ría servía de puerto de escala para el comercio tartesio (S. X-V a. C.) con las remotas regiones de la Bretaña Francesa, Irlanda e Inglaterra. Por eso a la Coruña se la conoció durante la época romana con el nombre de Farum o Farum Brigantium. El faro de la Torre de Hércules fue reconstruido en 1791 y todavía se halla en uso. Desde 1521 la famosa Torre aparece en el escudo de la Coruña, y debajo de ella la calavera y la tibias de Gerión. Esta Torre encierra una magnífica leyenda sobre su origen. Según esta leyenda, Hércules luchó con un rey llamado Gerión, a quien venía persiguiendo desde Cádiz, al encontrarle aquí, mantiene con el monstruoso Gerión, una lucha cruel de la que sale vencedor Hércules. Hércules corta la cabeza al vencido Gerión y la entierra en una pequeña península llena de grandes piedras, junto al mar. En honor del enemigo vencido, encima de su tumba se edificó la referida Torre de Hércules, tal como figura en el escudo de La Coruña.

La calavera y las tibias del escudo de la ciudad representan a Gerión


martes, 5 de diciembre de 2017

El origen pagano de la Virgen del Pilar, Zaragoza

Como ocurre con tantos cultos marianos, tanto en la Península Ibérica, como en otros lugares del ámbito cristiano, al menos dentro de los lugares con influencia católica -aunque no de forma exclusiva, pues también su imagen es muy representada por la Iglesia Ortodoxa-, detrás de estos cultos se esconden otros mucho más lejanos. El culto mariano más importante dentro del territorio del Estado español no podía ser menos; así existen distintas pruebas que acreditan que la Virgen del Pilar de Zaragoza estaría sustituyendo el culto a una antigua divinidad, que pudo ser Ceres -la Deméter griega-, en época romana, pero que, con anterioridad, la autora que traemos dice pudo ser una antigua divinidad de nombre Ebura, que daría nombre, además, al río Ebro, que los griegos denominaron, helenizando el término indígena, como Iber. Dejamos constancia de esta especulación en el blog, sin elementos de juicio para dar fe de la existencia de esa divinidad indígena, pero lo que sí es más que evidente es el paralelismo existente entre la representación de la Virgen del Pilar, con el niño en brazos, y otras divinidades anteriores, además de la existencia de antiguas divinidades que igualmente eran representadas sobre pilares, lo que añade más elementos que hacen ver que, simplemente, estamos ante una suplantación más de antiguos cultos.

Virgen del Pilar - Foto: basilicadelpilar.es

Fuente: Francisca Martín-Cano Abreu

La supuesta "Venida" de la Virgen a Zaragoza en el año 40, es una falsificación nacida en el siglo XIII, 1.200 años después de que supuestamente ocurrieran los hechos que narra, y tras haber estado la península ocupada por el Islam. En el siglo XV se talló en Zaragoza la imagen en madera de la Virgen del Pilar: una escultura gótica de unos 40 cms tallada en cedro por Juan Lahuerta, o por artistas de su taller. Copiaron el modelo pagano de una Diosa sobre un pilar, imitando una escultura pagana encontrada en el mismo lugar en que posteriormente se edificó la Basílica. La Basílica del Pilar fue construida para conmemorar la pretendida Aparición de la Virgen al Apóstol Santiago sobre el primitivo Templo indígena anterior a la dominación de Roma, en donde se encontró la imagen de una Diosa sobre un pilar, imitada por la Virgen cristiana. Allí también hubo una iglesia visigótica: Santa María la Mayor y posteriormente otra iglesia que fue destruida para elevar la Basílica. En 1681 en que se coloca la primera piedra. 
[...] Obviamente, la llamada Virgen del Pilar, sustituye, seguramente en el panteón  cristiano, a la Diosa que da nombre al río Ebura / Iber (Ebro) en donde 
crecía el eburo "tejo" en irlandés (Markale, 1989: 151), o la planta  acuática sagrada, el berro,... que representa uno de los tantos aspectos de la diosa madre, reina de las zonas pantanosas. (Laviosa, 1955: 146).



jueves, 30 de noviembre de 2017

Los Zarramaches, Casavieja

En estas fechas que, por fin, han llegado los fríos a la antigua Iberia y a menos de un mes del inicio del invierno, traemos, precisamente, una mascarada invernal de las celebradas en aquellas festividades, todavía no muy cercanas, encuadradas a mitad de invierno. Nos situamos en el Sistema Central, en plena Sierra de Gredos, en el valle del Tiétar, por lo que estamos en la comarca conocida como Valle del Tiétar o comarca de Arenas de San Pedro, para visitar la población de Casavieja. En Casavieja tienen una mascarada celebrada en la fecha de San Blas, o lo que es lo mismo, el 3 de febrero, y que se la conoce como Los Zarramaches. Se encuentra en un territorio del que hemos traído más de una mascarada, por lo que no es la única, siendo una más de las herederas de las tantas festividades invernales de mascaradas (orígenes, ciertamente, del verdadero y primigenio carnaval) que existían y de las que han sobrevivido sólo unas pocas, habiendo sido rescatadas algunas de ellas en los últimos años, pues muchas habían desaparecido, tristemente, en la segunda mitad del siglo XX.
Los coloridos y los cencerros vuelven a hacer acto de aparición, en el ya más que explicado simbolismo que encierran y que tantas veces hemos descrito por aquí, pero, por si, por alguna casualidad, alguien comienza a introducirse en el estudio de estas festividades a través de esta ficha en concreto, diremos que con los cencerros se trata de despertar a la Naturaleza de su largo aletargamiento invernal, pues, a mitad del invierno, en el antiguo Imbolc céltico, que era el equivalente de estas fechas, ya se empiezan a intuir, dentro de los días menos duros que pueda haber, algún pequeño atisbo del despertar que la Primavera traerá a los campos y a la Madre Tierra en general, sobre todo por el acortamiento que poco a poco se va dando entre la luz y las tinieblas, venciendo poco a poco la primera a las segundas, momento que se dará a partir del propio inicio de la Primavera o llegada del equinoccio de marzo por estos lares. Eso en cuanto a los cencerros, de ahí que también se las denomine, en muchas ocasiones, no sólo mascaradas, sino también cencerradas; en cuanto a la mezcla de alegres colores, éstos simbolizan ese despertar de la Naturaleza ya mencionado, representado por el gran colorido que traerá esa ansiada Primavera.
Como ocurre en tantas ocasiones, detrás de estos festejos siempre hay una leyenda, más o menos actual, que otorga un origen bastante pueril, en la mayor parte de las ocasiones, a los mismos, existiendo, como hemos apuntado unos orígenes, seguramente, mucho más lejanos que encierran otro tipo de simbolismo, como ya más o menos se ha esbozado y como tan bien nos explica el investigador Jesús del Castillo Martín, del que traemos unas líneas de su blog.

Foto: diariodeavila.es

Fuente: Jesús del Castillo Martín - objetivotradicion.blogspot.com

Según la tradición oral eran los pastores de Casavieja que vivían gran parte del año en las sierras, los que encarnaban anualmente a estos personajes y bajaban hasta el pueblo a celebrar San Blas y a recibir el aguinaldo de manos de los dueños del ganado. Se dice que vestían de esta manera tan estrafalaria para divertir a los niños en ese día festivo. Cuando el oficio de los pastores comenzó su decadencia, la fiesta se vio igualmente amenazada, por lo que tuvieron que hacerse cargo de ella los quintos para evitar que se perdiese. Por ello, desde hace algunas décadas los quintos toman esta fiesta como propia, podríamos decir que se trata de un rito de paso por el cual los jóvenes que cumplen los 18 años pasan a formar parte del grupo adulto de la comunidad.
ero pese a contar con esta interpretación de la fiesta, pienso que el rito tiene un origen mucho más complejo, pues los elementos que componen la vestimenta, similares a los que encontramos en otras mascaradas de invierno, nos dan una pista de que pudiera tratarse de un ritual relacionado con la fertilidad de los campos y el ganado, un ritual de llamada al despertar de la naturaleza, y de expulsión de los males que pudieran acechar a la comunidad.
El traje de los zarramaches se compone de varias partes. Visten pantalón blanco y cubren su torso con una pieza de tela blanca a modo de toquilla que cae sobre los hombros hacia la espalda y que va decorada con puntillas de encaje. Esta pieza de tela va cosida a la espalda y no dispone de mangas. A la espalda llevan una estera de esparto que se ata al cuello con una cuerda y que se ciñe a la cintura con una correa de la que penden tres cencerros. Sin duda la parte más característica de la indumentaria es la especie de máscara con que cubren su cara, que no es más que un trozo de tela con aberturas en ojos y boca, que se cose detrás de la cabeza; y el gorro de forma cónica, semejante a un capirote, del que cuelgan multitud de cintas de colores, y que se remata con un penacho de flores de tela. Portan largas y flexibles varas para amenazar y golpear a la chiquillería.
Vemos pues que en el atuendo aparecen esos elementos a los que anteriormente hacía referencia, y que pueden estar íntimamente ligados con antiguos ritos. Es el caso de los cencerros que tendrían una función ahuyentadora de los malos espíritus o de llamada al despertar de los campos en la cercana llegada de la primavera. También los gorros podrían ser indicio de esto, compuestos por cintas de colores muy llamativos alusivos al brote de la vida en el reino vegetal y a su abundancia, y por el ramillete de flores que lo remata, haciendo alusión a esto precisamente. Podríamos estar también ante un tipo de máscara fustigadora por las varas que los zarramaches portan, que podrían ser herencia de las antiguas Lupercalia romanas, de las que nos habla el insigne Caro Baroja. Como ya hemos explicado en otras mascaradas, los lupercos azotaban a todo el que se encontraban en su camino, especialmente a las mujeres con un sentido claramente fertilizador. También nos dice Caro Baroja en su obra que estas Lupercales tenían un claro sentido protector de las comunidades pastoriles frente a temidos animales y alimañas como podían ser el oso y el lobo, y de fecundidad de los rebaños, interpretación que nos encajaría muy bien en el entorno en el que se desarrolla esta mascarada.
La fiesta comienza en las primeras horas de la mañana cuando los dos quintos se disponen a vestirse de zarramaches en el ayuntamiento. La chiquillería espera expectante y nerviosa en la calle a que salgan para correr tras ellos y lanzarles naranjas que previamente han cogido de los árboles que hay repartidos por todo el pueblo. Suenan los cencerros, los zarramaches bajan las escaleras de la casa consistorial, los muchachos empiezan a gritar y a correr, la mascarada ha comenzado. Durante un largo rato las carreras se repiten por las diferentes calles de la localidad. Los zarramaches persiguen velozmente a los chicos que en un alarde de hombría se enfrentan a ellos y les lanzan las naranjas o intentan quitarles la vara. Los zarramaches llevan también una naranja en la mano que ofrecen a los muchachos para aprovechar y golpearles en las manos con la vara. Cuando se acercan las doce del medio día los zarramaches junto con las autoridades locales se dirigen a la iglesia donde tiene lugar la función en honor a San Blas. Me llamó poderosamente la atención la presencia de los zarramaches y su participación en la misa, pues por lo general en ninguna mascarada de las que se celebran en la Península, los protagonistas de la fiesta –máscaras, botargas, zangarrones…- entran en el interior del templo para participar de la parte religiosa de la celebración. En el caso de Casavieja, además los dos zarramaches ocupan un lugar distinguido dentro del templo, situándose en los bancos delanteros cercanos al altar, invitándolos el sacerdote en determinados momentos a hacerse oír agitando sus cencerros. Acabada la misa tiene lugar la procesión con el santo alrededor del templo, primeramente aparecen los zarramaches a los que los jóvenes están esperando para llevar a cabo sobre ellos una gran descarga de naranjas. Ambos salen corriendo esquivando los golpes de los frutos y comienzan de nuevo una persecución tras los muchachos, mientras que el santo rodea la iglesia en procesión portado por el resto de quintos y quintas.
Tras los actos religiosos, de nuevo la gente se congrega frente al ayuntamiento a la espera de que salgan los zarramaches, en esta ocasión otros dos quintos que han tomado el relevo a los que salieron por la mañana. De nuevo se suceden persecuciones, y los zarramaches entran en el patio del colegio para perseguir a los más pequeños que huyen de ellos despavoridos. La fiesta toca su fin a medio día, cuando los zarramaches entran de nuevo a la casa consistorial para quitarse los atuendos que se guardarán esperando la llegada de la fiesta a otro año.


Foto: javierazul2.blogspot.com


martes, 28 de noviembre de 2017

Inscripción rupestre de Lamas de Moledo, Moledo-Castro Daire

En el poblado de Lamas, en Moledo, freguesía del concejo de Castro Daire, existe un curiosa inscripción de época romana en una piedra, por lo que no estamos ante la típica inscripción realizada en una lápida o ara, de las tantas halladas en la Península Ibérica y en muchos otros territorios que fueron dominados por la antigua Roma, que son muchos y extensos, sino que ésta fue realizada, como decimos, en una piedra sin tallar, encontrándose la inscripción en un estado algo deteriorado por la erosión que dificultó, en cierto modo, su estudio.
Según las conclusiones de un estudio realizado por João L. Inés, esta inscripción relataría un sacrificio colectivo ofrecido por dos oferentes a dos divinidades prerromanas, Crouceai y Iovea, discutiéndose sobre esta última que quizás pudiera ser la transcripción, en lengua indígena, del dios Júpiter romano.

Foto: web E-Keltoi


Fuente: Los dioses de la Hispania céltica - Juan Carlos Olivares Pedreño

La segunda dedicación a este dios apareció en la, tan debatida, inscripción de Lamas de Moledo (Castro Daire, Viseu), donde se le invocaba como Crouceai Magareaicoi Petranioi (o Petrauioi). Para Encarnação y Búa, Crougeai está en dativo singular y es un teónimo acompañado de dos epítetos. Según Alarcão y Vaz, Crougeai Magareaicoi serían el teónimo y su apelativo en dativo, mientras que Petrauioi en nominativo plural, sería una comunidad que realiza una ofrenda a la segunda divinidad citada en la inscripción (Iovea). Para Untermann, la interpretación de la denominación no está clara, puesto que la relación de Magareaicoi como adjetivo-atributo de Crouceai está en contradicción con sus desinencias y tampoco aparece serlo Petranioi, porque no estaría en el orden esperado. Cabría interpretar -coi como una conjunción enclítica, lo que llevaría a interpretar una composición teónimo-epíteto Crouceai Magareai y, por otra parte, Petranioi como otro dativo independiente. En cualquier caso, lo que está claro es que estamos ante el mismo teónimo Crouga o Crougia que aparece en la inscripción de Freixiosa.

Lugar en el que se encuentra la piedra con la inscripción - Foto: patrimoniocultural.gov.pt



viernes, 24 de noviembre de 2017

El Conjunto Megalítico de Mulisko Gaina, Urnieta

Nos acercamos a la comarca de Donostialdea para traer un curioso conjunto megalítico existente en nuestra Península Ibérica, el de Mulisko Gaina, en Urnieta. Estamos a los pies del Monte Onyi, con lo que vuelve a darse una de esas simbiosis que tanto nos gustan, donde, una vez más, un santuario -porque eso es lo que son los megalitos, a pesar de que también fueran utilizados como lugares de enterramiento- se vuelve a vincular a una montaña. El lugar en el que se encuentra es conocido como Cementerio Viejo o Kanposantu Zaharra, en euskera. Se trata de cuatro crómlech, una doble cista, un menhir y varias estructuras algo imprecisas. En cuanto a su datación, se da algo muy curioso, pues se dice que pertenece el conjunto a la Edad del Hierro, más o menos al siglo VII a. C., lo cual no es nada común, pues ya sabemos que estos monumentos pétreos suelen remontarse, principalmente, al Neolítico y al Calcolítico. Esta última información, que hemos encontrado la ponemos en cuarentena, pues nos ha parecido algo extraña, así que desde aquí, como hacemos siempre, llamamos a la colaboración de cualquier lector del blog que pueda añadir algo de información fidedigna al respecto.

Foto: Mulisko Gaina - kulturweb.com

Son de destacar, en este conjunto, el Dolmen de Pozontarri, el cual se encuentra bastante deteriorado, aunque se puede observar, aún, su alargada cámara y el túmulo correspondiente; la mencionada cista, que es conocida como Cista del Onyi, siendo una pequeña cámara donde se depositaban las cenizas de los difuntos; y, finalmente, el conocido, principalmente, como conjunto de Mulisko Gaina, con, al menos, cuatro círculos de piedra o crómlech, lo que parece un dólmen y el menhir o monolito mencionado. El yacimiento, situado en el límite de los municipios de Urnieta y Hernani, aunque perteneciente, como se dijo, al primero, fue excavado por el arqueólogo donostiarra Xabier Peñalver Iribarren entre 1983 y 1985.




 
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