martes, 23 de mayo de 2017

El Olmo del Milagro, Illescas

Queremos traer otro árbol centenario emblemático de la Península Ibérica. En Illescas, población sagreña que hemos visitado en más de una ocasión en este blog, existe el conocido como el Olmo del Milagro, con cerca de medio milenio en su tronco. Hemos reparado en él al conocer que se están tomando esquejes del mismo para tener posibles sustitutos cuando desaparezca, a pesar de lo cual, no tiene mala salud a día de hoy. Alrededor del mismo únicamente hemos conocido una leyenda o historia milagrera, que es de la que toma el nombre el olmo y que no vamos a reproducir aquí, pues se puede encontrar en más de una web, pero sí hemos querido traerlo para mostrar, de nuevo, como una población siente veneración ante un árbol; manifestación ancestral, como siempre expresamos, que, por suerte, no se ha perdido en todos los casos.

Foto: illescasaldia.com

El Olmo del Milagro se encuentra en la Plaza Infantones de Illescas, que no es la plaza más importante de la población, pues ésta se puede decir que es la cercana Plaza Mayor, donde se encuentra la iglesia parroquial, con su famosa torre mudejar, por lo tanto no se da, en este caso, esa combinación entre árbol, templo y plaza principal, como suele ocurrir con muchos árboles de concejo, que en bastantes casos señalan la existencia de un lugar de culto anteriormente al templo y anteriormente al árbol presente, pues casi siempre suelen sustituir a otros anteriores. Así, no tenemos elementos suficientes como para afirmar que estamos ante otro caso similar de árbol sacro, a la par que concejil, pero sí que, con su gran resistencia al paso de los siglos, ha acabado convirtiéndose en todo un tótem para la población.
Para terminar contaremos la anécdota, sin base histórica, que nos dice que dio sombra incluso a Miguel de Cervantes cuando visitaba o pasaba por Illescas, algo no demasiado descabellado de imaginar, pues se sabe que el famoso literato vivió unos años en la cercana población de Esquivias, cuando se casó con una mujer natural de este pueblo.


lunes, 22 de mayo de 2017

La Moracantana, Montánchez

Muchas leyendas medievales, incluso del periodo romántico, tan cercano a nosotros si lo comparamos con lejanos siglos, se componen de elementos continuistas con cultos mucho más antiguos. Hoy traemos el caso de la Moracanta, la que tan bien nos describió hace casi dos años Israel J. Espino en su magnífico blog Extremadura Secreta, que tanto nos gusta, y que encierra esa conexión ancestral que hace eterna a una leyenda. La leyenda en sí, no se compone de nada demasiado peculiar que no se dé en otras muchas encuadradas en el periodo conocido como Reconquista. Así, cuando un ejército cristiano sitiaba el castillo de la población extremeña de Montánchez, junto a la sierra a la que da nombre o de la que lo toma -yo diría más bien lo segundo por su prefijo mont-, una enorme serpiente les guió, introduciéndose por un pasadizo o túnel hasta el interior del castillo, con lo que de esa forma pudieron tomarlo.
Y digo que no se compone de nada peculiar, en cuanto a la aparición, como tal, de un elemento externo que les ayuda o guía hasta la victoria, pero sí resultaría atípica en cuanto al ser o entidad ajeno que toma partido por ellos. En muchas ocasiones es la Virgen la que se les aparece o un extraño pastor, que luego desaparece, un ángel, etc, pero en pocas ocasiones un ser monstruoso que, como en este caso, podríamos enlazar con la simbología que encierra la serpiente desde los tiempos prehistóricos e, incluso, nos podría recordar a la cuélebre asturiana, personaje mitológico al que hemos dedicado más de una ficha últimamente.
Luego, si seguimos adentrándonos en la historia, descubriremos que una princesa mora era la que se metamorfoseaba en el enorme ofidio, tomando únicamente la forma de mujer durante la noche de San Juan, algo que la encuadra dentro de esas otras leyendas de "encantás", "moras", etc. Por mora o moro de entrada se piensa en la ascendencia norteafricana o que profesa la religión islámica del personaje en cuestión, pero ya se sabe que podría hacer, igualmente, referencia a muy antiguas divinidades -las mouras gallegas o portuguesas-, no sólo preislámicas, sino incluso prerromanas, que podrían haber sido el origen de las mencionadas y famosas "encantás".
En el caso de la Moracantana estaríamos ante un curioso caso de sincretismo, que abarcaría muy distintos elementos e, incluso, épocas, a pesar de que la historia se enmarque en un contexto histórico muy concreto.

Castillo de Montánchez - Foto: norbacaesarina.blogspot.com

Fuente: Israel J. Espino - Extremadura Secreta

Cuenta la leyenda recogida por el historiador Jose María  Domínguez Moreno que estando un sábado acampados junto a la fuente del Trampal, una enorme serpiente con la cabeza cubierta por una mata de pelo atravesó por medio de las mesnadas cristianas, sembrando el pánico entre los caballos.
Los caballeros siguieron su rastro entre espesos y altos matorrales,  y no tardaron en dar con su guarida. Era ésta un amplio túnel que comunicaba directamente con el castillo, y fue por este pasadizo por el que penetraría un grupo de los más aguerridos cristianos para tomar la fortificación.
Sorprendentemente no encontraron rastro ni nunca supieron de la fabulosa culebra peluda que los había guiado hacia la victoria, pero cuenta la leyenda que se trataba de una núbil princesa mora que, cual Melusina, cada domingo tomaba forma de serpiente, aunque conservando su cabeza humana, y por el recóndito pasadizo bajaba hasta la fuente del Trampal a peinarse los dorados cabellos.
Al considerarla culpable de la derrota, su padre, el caíd, maldijo a la princesa mora y la arrojó al aljibe, que desde aquel fatídico día vive transformada en serpiente bajo las galerías  del castillo.
Sólo durante la noche de San Juan recobra su forma de mujer y se la ve pasear sobre las almenas portando en una mano una vela encendida y en la otra un libro, en el que escribe maldiciendo o bendiciendo los campos de toda la comarca.


sábado, 13 de mayo de 2017

La Santa Cabeza de San Gregorio y un antiguo templo romano, Sorlada

En la merindad navarra de Estella, se encuentra el municipio de Sorlada, cuya población encuentra su origen en la antigua Suruslata. Allí, bajo la advocación a un santo cristiano del siglo XI, San Gregorio Ostiense, se esconde otro culto a una cabeza, el de la conocida como La Santa Cabeza. Ésta, al igual que la de San Guillén, de la que hablamos hace tres días, se encuentra en un relicario de plata y es exhibida, igualmente, en aras de la búsqueda de protección para los campos, en concreto para alejar las plagas. También es utilizada para bendecir el agua, pues en su parte superior tiene un orificio por el que se introduce el agua que, tras pasar por los restos óseos, es recogida por otro en su parte inferior. San Gregorio Ostiense, conocido con dicho apelativo por haber sido obispo de Ostia, vivió, como dijimos, en el siglo XI, y, por tanto, lejos ya de los tiempos en los que se practicaban cultos precristianos, pero, como vemos, muchos de ellos han sobrevivido -y sobreviven- con el transcurso de los siglos, como esta reminiscencia del culto a las cabezas cortadas, en este caso como elemento mágico-protector.

Relicario de San Gregorio Ostiense - Foto: es.paperblog.com

Para finalizar, diremos que, según una fuente manejada, en concreto un artículo de Javier Hermoso de Mendoza, un gran cronista de la comarca de Estella, la cual visitamos hoy en el blog, la basílica que tiene dedicada este santo se encuentra sobre un cerro al sur de Sorlada, en el que afirma pudo existir un antiguo templo romano, además de ser el posible asentamiento de la antigua Suruslata: "asentado sobre un probable templo romano vinculado a la población de Suruslata (nombre del que procede Sorlada), estaba situado -como hoy lo está la basílica- junto al pequeño desfiladero (el Congosto) que comunica el valle de la Berrueza con las tierras llanas de la Ribera.". De ser cierta la hipótesis del antiguo templo romano, estaríamos ante otro caso de sobreposición de cultos en un mismo enclave, generando la hipótesis, si se nos permite la licencia, de que, quizás, el romano pudiera haber sido construido, a su vez, sobre uno prerromano. Pero sobre esto último nada podemos acreditar, más allá de esta mera especulación.

Sorlada abajo y al fondo, sobre el cerro, la basílica de San Gregorio Ostiense - Foto: estella.info


viernes, 12 de mayo de 2017

Las Mayas y las Cruces de Mayo en Cartagena

Rebasamos, hace casi dos semanas, la mitad de la estación primaveral, el antiguo Beltane o inicio también, tal y como se le conoce, del verano pastoral. Es el mes de los populares mayos -grandes troncos y árboles cortados y clavados en las plazas de muchos pueblos-, de las cruces de mayo y, también, de las mayas. Hoy queremos traer el recuerdo de Las Mayas de Cartagena, las cuales, desaparecieron del festejo, bajo prohibición, en el siglo XVIII, ocupando su lugar, desde entonces, de una manera intermitente, como se apunta con el texto que aportamos más abajo, distintas cruces de mayo.
Hay que recordar, como se dijo en este blog hace tiempo con la cruz de mayo de mayor tamaño de la Península Ibérica, la de Noez, población de la comarca de los Montes de Toledo, que, si bien el nombre nos hace recordar al símbolo de la religión triunfante en el siglo IV d. C. y que sigue hasta nuestros días, no son, en muchos casos, simples cruces vegetales, sino que abundan las que reúnen figuras en forma de círculos con cruciformes, que nos hacen recordar a los antiguos símbolos astrales, que desde la misma Prehistoria son objeto de culto. No se da así en el caso que nos ocupa, pues la cruz de mayo cartagenera es fiel a la representación cristiana, pero, se sitúa en un antiguo altar, que era el lugar que ocupaban las mayas, hoy en día ya no celebradas, como dijimos, en Cartagena. Estas mayas, como ocurre en el resto de lugares donde se siguen celebrando, eran elegidas entre jóvenes de los distintos barrios, siendo como una especie viva de representación de la divinidad femenina, incluso, podemos decir, una idealización de la fertilidad de la Madre Tierra, si queremos llegar más lejos, que llega, en el mes en el que nos encontramos, a su máxima expresión de floración y fecundidad de los campos y de la Naturaleza en general.

Foto: cayuela-cartagena.blogspot.com

Fuente: José Monerri Murcia, cronista de Cartagena fallecido en 2013.

Como tradición popular y festiva rebasa lo religioso. Y se puede datar en la primera mitad del siglo XIV. Se celebraba con especial relieve en el barrio de Pescadores y, más tarde, en el Rincón de la Soledad. También se celebró en el interior del templo de la Caridad y en algunos colegios.
Federico Casal recordaba que era el 3 de mayo en el Barrio de Pescadores. Asistían las Mayas ataviadas de lujosos corpiños y sayas. La moza más rica o guapa del barrio era elegida presidenta y ocupaba el trono. En la habitación donde se ponía la Cruz se cantaba, se bailaba y se bebía. La fiesta degeneró por las interferencias de Baco y el exceso de las Mayas. Y fueron prohibidas en 1769. Nueve años después, Carlos III advirtió de severas penas.
Desparecidas las Mayas, decayó la fiesta y quedó reducida a una simple Cruz, aunque en domicilios particulares se celebraba con bailes y bebidas. Ya en 1795 Juan Llavador, que vivía en la calle de Nuestro Padre Jesús Nazareno, hizo en la rinconada un altar con la imagen de la Soledad y los atributos de la Pasión. Dijo misa todos los domingos hasta que en 1820 la suprimieron los revolucionarios de Riego. Eso sí, respetaron el altar.
La calle tomó el nombre de la Soledad. Después, se recuperó la fiesta, y aunque el altar y la imagen de la Virgen fueron destruidos en 1936, volvió con un cuadro de la Virgen pintado por Portela. Y ya en los años de 1950, algunas agrupaciones de las cofradías comenzaron a montar cruces en plan de verbena. En 1975, los marrajos formalizaron el festejo en el callejón de Bretau. Le siguieron los californios, a impulsos de Balbino de la Cerra. La montaron en el túnel de la calle del Caballero. Desde entonces, se han consolidado y han proporcionado un singular colorido a Cartagena.


miércoles, 10 de mayo de 2017

La Cabeza de San Guillén, Obanos

En la ficha de hoy traemos una reminiscencia más, de las muchas existentes, en relación al antiguo culto a cabezas cortadas, como elementos mágico-protectores, incluso purificadores, utilizadas para sacralizar objetos, lugares o personas, o bendecir el agua y el vino, como en el caso que nos ocupa. Hablamos de la Cabeza de San Guillén, la cual recibe culto en la población navarra de Obanos, en la merindad de Pamplona. Este cráneo-reliquia se encuentra depositado en un relicario de plata, a través del cual se pasa el vino y el agua, siendo de manufactura reciente, pues anteriormente a los años sesenta del pasado siglo, se deslizaba directamente por el cráneo que se dice pertenecía a San Guillén.
La ermita en la que reposa la cabeza se sitúa sobre un punto elevado del municipio, con lo que estaría, igualmente, sacralizando este cerro. La historia del santo y de su hermana, Santa Felicia, se encuadra en la Edad Media, en los inicios de la cristianización del Camino de Santiago, con lo que lejana o ajena conexión pareciera tener con los cultos ancestrales a los que nos hemos referido, a pesar de lo cual, ya se sabe, que si se escarba, se suele llegar siempre mucho más atrás. Así, y siendo conscientes de que estamos hablando en términos mitológicos, si otorgáramos cierta verosimilitud a la historia, que un suceso o unos personajes pertenezcan a un momento histórico concreto, no desvirtúa, a mi modo de ver, que pueda ser continuista o se reflejen en él ciertos rituales que pudieran venir de mucho más atrás, como es el culto a las cabezas y que, desde ese punto de vista, puedan tener mayor interés para el curioso, que quedarse, únicamente, en la leyenda o versión oficial. Ello sin entrar en otras hipótesis, como la sustitución o cristianización de la cabeza de un personaje mucho más antiguo por la de otro, ya fueran reales o ficticios, que también podría ser una cuestión a valorar.

Foto: enciclopedianavarra.com

Fuente: Mª Amor Beguiristain

La leyenda de Guillermo, indisolublemente unida a la de su hermana santa Felicia, cuyo cuerpo incorrupto se venera en Labiano, compone la trama del “Misterio de Obanos” que se escenifica parcial o totalmente cada año, en el marco del peregrinaje a Santiago de Compostela. De linaje principesco, y procedentes de Aquitania, ambos hermanos protagonizaron uno de tantos dramas en torno al Camino de Santiago. A la vocación de Felicia de vivir en un lugar oculto, lejos de palacios, se opondrá su hermano Guillén, quien en un arrebato la mata. Arrepentido peregrinará a Compostela y de regreso se queda en la ermita de Ntra. Sra. de Arnotegui como penitente, muriendo en olor de santidad.
En el imaginario local, san Guillermo o san Guillén tiene gran importancia. La ermita en que se alojaba llega a denominarse indistintamente Arnotegui o San Guillermo. Una coplillas aluden al final del santo: San Guillermo, murió mártir, quemadito en una hoguera, en el término de Obanos que se llama Caratea. Otra dice así: San Guillermo está en un alto, y Saría en una cuesta, si san Guillermo se cae, a Saría le revienta. San Guillermo tiene influencia benéfica para el pueblo frente a las tormentas. Si venía un nublau del rincón de Puente (La Reina), según Martín Zaratiegui, y pasaba sobre san Guillermo, las nubes se partían en dos y no afectaba al pueblo. Una de las manifestaciones de religión popular más llamativa es, sin duda, la fiesta que hoy comentamos.


martes, 9 de mayo de 2017

La cuélebre de Santa María de Celón, Celón-Allande

En nuestra penúltima ficha hicimos mención a una xana que se convertía en cuélebre. Hoy volvemos a Asturias, en concreto a Celón -Zalón en asturiano-, en el concejo de Allande, para hablar de otra leyenda y representación en torno a una cuélebre. En concreto hablamos de un relieve en la iglesia de Santa María, donde una cuélebre -algunos hablan de que pudiera ser un dragón- es atravesada por la lanza de un peregrino. Según cuenta la leyenda, la cuélebre pasaba al interior del templo por un agujero que había y devoraba los restos de los difuntos enterrados en la iglesia, hasta que un día el mencionado peregrino le dio muerte. Ésta se dice es la escena que recoge el mencionado relieve.

Relieve del peregrino dando muerte a la cuélebre - Foto: lavidanoimitaalarte.blogspot.com

Fuente: lavidanoimitaalarte.blogspot.com

Destaca fuertemente la presencia en el muro exterior del ábside de una curiosa escultura en la que un hombre está atravesando con su lanza a una figura que unos identifican con un dragón y otros con un cuélebre, es decir, con la serpiente emplumada de la mitología asturiana cuya función principal era la de cuidar tesoros (ayalgues, en asturiano). La mitología lo describe como un animal  con ojos que son ascuas incandescentes, tiene el cuerpo recubierto de escamas y tiene alas de murciélago y su único punto débil era la garganta. Incluso se conserva un agujero en el muro por el que se dice que entraba y salía el cuélebre. En este caso la tradición oral dice que el hombre representa a un peregrino al que el pueblo pidió que diera muerte al cuélebre, y la rosca que aparece a sus pies sería la recompensa recibida por conseguir tan compleja hazaña.


Agujero por el que se dice que entraba y salía la cuélebre de la iglesia - Foto: lavidanoimitaalarte.blogspot.com


sábado, 6 de mayo de 2017

Pervivencias paganas en Yebra de Basa

Hace menos de un año, estuvimos visitando en este blog la población de Yebra de Basa, en la comarca de Alto Gállego, en el pirineo oscense, para hablar de un sincretismo muy curioso entre una antigua piedra con cazoletas y un pequeño oratorio consagrado a Santa Orosia, a cuya cabeza se rinde culto, hecho que nos hace recordar viejas costumbres de adoración de cráneos; hablamos de la Piedra del Martirio y de la Ermita de As Arrodillas. Pero hoy volvemos para hacer un breve resumen, con las líneas que traemos del arqueólogo Manuel Medrano Marqués, sobre la ancestralidad que envuelve al municipio y a gran parte de la comarca de Serrablo, como es también conocida, algo que enlaza con el propio topónimo, que Manuel Medrano tan bien analiza, a pesar de que resulte bastante complicado identificar su verdadero origen. Importante destacar, como ocurre en tantos otros lugares, la existencia de ermitas y lugares de culto de este territorio en puntos elevados, lo que nos remonta a los antiguos cultos a la montaña.

Yebra de Basa - Foto: alberguesyrefugiosdearagon.com


Fuente: Manuel Medrano Marqués, serrablo.org

En repetidas ocasiones se ha mencionado la pervivencia de elementos de culto pagano en el entorno de Yebra de Basa, a lo que quizá hay que sumar el propio origen de su nombre. Se vincula el topónimo Yebra con el pueblo de los Eburones, grupo céltico que llegaría a la península ibérica a partir de principios de I milenio a.C. y del que podría derivar su nombre. Menéndez Pidal ya propuso la evolución fonética Ebura > Ebora > Yebra en un trabajo publicado en 1945. Delamarre indica que el significado de eburos es tejo (el árbol). Así pues, el topónimo Yebra deriva de forma prácticamente segura de Ebura, aunque este término puede no hacer referencia, necesariamente, al pueblo de los eburones. La palabra eburg aparece en el cuerpo de un dolium (tinaja) hallado en la ciudad celtibérica de Contrebia Belaisca (Botorrita, Zaragoza) y, posiblemente, en otro dolium del mismo yacimiento, grabada en ambos casos en la pasta fresca. En general, la casuística conocida indica que en origen puede tratarse de un etnónimo, un topónimo, hacer referencia al árbol del tejo o, también (quizá es lo más probable en Contrebia), puede ser un antropónimo. En todo caso, aquí estamos en presencia de un topónimo con un más que probable origen céltico, pero no es posible afirmar que esté en relación, en concreto, con el pueblo de los Eburones. Las peculiaridades del ambiente en que se inserta Yebra han sido comentadas en diversas ocasiones. Enrique Satué ya señala que en la religiosidad popular del Serrablo se encuentran elementos paganos imbricados con los cristianos, así como la estrecha vinculación de los santos patronos de la montaña con su lugar de culto en puntos elevados.


 
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