martes, 20 de junio de 2017

Posible roca ritual en Peña Mortero, Alija del Infantado

Hoy traemos una roca con una cavidad circular en su interior y un forma exterior trabajada, también circular, que según Juan Carlos Campos, el conocido investigador de cazoletas y petroglifos de la comarca de La Maragatería, podría ser una roca en la que se pudieron haber celebrado rituales o cultos, al modo de un pequeño altar. Siempre se pensó que esta piedra se utilizó como pila de moler bellotas, cereales, etc, de ahí que se le llamara Peña Mortero, nombre que se hizo extensivo, finalmente, al cerro que corona, pero, como decimos, Juan Carlos Campos abre una nueva e interesante hipótesis.
No hemos dicho que Peña Mortero se encuentra en el término municipal de Alija del Infantado, población de la comarca leonesa de Tierra de La Bañeza.

Peña Mortero - Foto: tierradeamacos.blogspot.com

Fuente: Juan Carlos Campos - tierradeamacos.blogspot.com

La zona interior es una cavidad circular de la que sale un canal hacia la parte exterior. El fondo es plano, impropio de de un mortero al uso. Creo que si esta cavidad hubiera sido utilizada para machacar algo (bellotas, cereales etc) el fondo hubiera adquirido una forma más cóncava. Además, el exterior ha sido trabajado para conseguir una forma circular, y se han eliminado las aristas de manera que el aspecto además de circular es esférico. Demasiado trabajo para un simple mortero.
A su lado aparece una roca de parecido tamaño, sin trabajar a excepción de un par de surcos que la atraviesan longitudinalmente.
El entorno no parece propio de un poblado prehistórico, en lo alto del cerro y alejado del agua. Tampoco encaja un asentamiento posterior de la Edad del Hierro, ya que si bien los pueblos prerromanos construían sus castros y fortalezas en este tipo de entornos, no se observan por ningún lado los restos típicos (fosos , murallas, cerámica, toponimia etc.). Los únicos vestigios producidos por la mano del hombre son algunas obras de cantería, la instalación del vértice geodésico cercano y la plantación del propio pinar.
Así pues, si descartamos por el momento un uso doméstico asociado a un asentamiento, cobra importancia la opción de un espacio ritual prehistórico. Un pequeño altar donde depositar ofrendas, situado en lo alto del cerro, discreto y alejado de la zona de poblamiento cercana al río.


lunes, 19 de junio de 2017

Leyendas, mitos y sacralidad de la montaña: Sistema Central

Leyendo el magnífico libro de viaje La Biblia en España, del inglés George Borrow, ejemplar de los varios clásicos de autores anglosajones que, en el periodo romántico decimonónico, describieron distintos aspectos de España y de la Península Ibérica en general, hemos encontrado una magnífica descripción que hizo un barbero-sangrador que se encontró George Borrow cuando iba camino de Madrid, antes de llegar a Talavera, sobre las montañas y sierras que Borrow iba viendo a su izquierda, y que llamaron ya su atención tras cruzar el Puerto de Miravete, las cuales integran el conocido por la ciencia como Sistema Central. Y digo conocido por la ciencia, pues las gentes llamaban a esas montañas por el nombre de la sierra a la que pertenecieran y nunca pensando en ellas como un todo, aunque, a pesar de ello, hemos de decir que todas juntas forman un espectacular sistema montañoso de unos 600 kilómetros que van desde la Sierra de Lousã y Sierra de la Estrella por el oeste, hasta las sierras del Alto Rey y de Pela, por el este. 
Me ha parecido interesante traer la descripción en cuestión, pues se deja constancia de la gran adoración y poder simbólico que las montañas, al igual que ocurre con los árboles totémicos o singulares, de los que dejamos más de una vez cuenta por aquí, han tenido para las gentes que forman parte de sus entornos; tanto es así que, aún en pleno siglo XIX, Borrow se pudo encontrar con un relato similar a cargo de esta persona, oriunda de dichas montañas. En él menciona la existencia de lagos encantados en los que moran monstruos, elemento muy recurrente en distintas leyendas de otros lagos y otros lugares, muy propios de la cultura indoeuropea, principalmente de influencia céltica o grandes serpientes, continuando con la recreación de seres monstruosos. 
Finalmente realiza una famosa mención al valle de las Batuecas y, de forma indirecta, a las propias Hurdes, pues en Las Hurdes están Las Batuecas, a pesar de que formen parte, administrativamente, de la provincia de Salamanca; siendo una cita, como decimos, muy famosa que contribuye a esa injusta leyenda negra alrededor de Las Hurdes, algo que venía de bastante más atrás; como poco, desde la obra de Lope de Vega, Las Batuecas del Duque de Alba. Aunque, en su descargo, hemos de decir que no es tan agresiva como otras y, quizás, únicamente recoge lo que la gente de las comarcas circundantes a Las Hurdes pensaba en siglos pretéritos sobre los moradores de dichos valles. Así, Félix Barroso Gutiérrez, contaba, en una ocasión, que, cuando era niño, paseando con su abuelo por la dehesa boyal de Santibáñez el Bajo, pueblo del que es natural, éste, cuando miraban hacia las montañas hurdanas, le contó que en aquellos valles se decía que vivía el hombre lobo. Lo que Félix, seguramente, desconocía en ese momento, debido a su corta edad, era la gran vinculación que tendría años después con esa tierra, donde pasó a ejercer durante unos años la docencia, convirtiéndose con los años, con permiso de José María Domínguez Moreno, en el más importante investigador de aquellas sierras y valles en la actualidad.

El Pico Almanzor, la montaña más alta de Gredos y de todo el Sistema Central, visto desde el valle del Tiétar - Foto: Wikipedia

Fuente: La Biblia en España - George Borrow

-¿Qué montañas son éstas? -pregunté a un barbero-sangrador que, montado como yo en una burra gris, se me unió al mediodía y que me hizo compañía durante varias leguas.

-Tienen muchos nombres, caballero -replicó el barbero-. Toman el nombre de los lugares cercanos. En parte se denominan la serranía de Plasencia, y a la altura de Madrid, montañas del Guadarrama debido a un río así llamado que baja de ellas. Siguen un largo recorrido, caballero, y separan los dos reinos, porque al otro lado está Castilla la Vieja. Son grandes montañas, y aunque den mucho frío, me gusta contemplarlas, y eso no es de extrañar puesto que nací en ellas. Pero ahora vivo por mis pecados en un pueblo de la llanura. Caballero, no hay en España sierra que la iguale. También guardan sus secretos, sus misterios; se cuentan historias extrañas de estas montañas y de lo que encierran sus profundas entrañas, porque forman una extensa cadena y se puede vagar por ellas días y días sin llegar a su fin. Muchos han sido los que se han extraviado en esos montes y jamás ha vuelto a saberse de ellos. Se cuentan cosas fantásticas. Se dice que en ciertos sitios hay abismos insondables y lagos en los que moran monstruos, enormes serpientes largas como pinos y caballos de agua que a veces salen y cometen graves tropelías. Una cosa es cierta, que allí, hacia el oeste, en el corazón de estas cimas, hay un hermoso valle, tan angosto que sólo se ve el sol en él al mediodía. Este valle permaneció ignoto durante miles de años; nadie imaginaba su existencia, pero finalmente, hace largo tiempo, unos cazadores penetraron en él por azar y, ¿qué cree usted que hallaron, caballero?. Una pequeña tribu de gente desconocida que hablaban una lengua extraña, que tal vez habían vivido allí desde la creación del mundo, sin relacionarse con el resto de sus congéneres e ignorando que existían otros seres cerca de ellos. Caballero, ¿no ha oído usted hablar nunca del valle de las Batuecas?. Se han escrito muchos libros acerca de este valle y esa gente. Caballero, me siento orgulloso de aquellas montañas, y si fuese independiente, sin mujer ni hijos, compraría una burra como la suya, que según veo es excelente y mucho mejor que la mía, y viajaría por ellas hasta lograr conocer todos sus enigmas y haber visto todo cuanto encierran de admirable.


Sistema Central

viernes, 16 de junio de 2017

Las Fallas y la fiesta babilónica de Akîtu, Valencia

Estamos a punto de finalizar la estación primaveral, pero al inicio de la misma, entre distintas festividades diseminadas por la piel de toro, como llamó Estrabón a nuestra península, se celebran las más que conocidas Fallas valencianas. Es, claramente, una fiesta de celebración a la llegada de la primavera, con el elemento simbólico del fuego como protagonista, el cual devora a una serie de monumentos falleros y ninots, que forman parte de los monumentos, la Nit de la Cremà, que es el acto que clausura esta fiesta. Pues bien, leyendo una interesante obra sobre los íberos de Rafael Ramos, hemos encontrado una curiosa vinculación realizada por este autor entre Las Fallas y una antigua festividad babilónica conocida como Akîtu.

Ninots ardiendo - Foto: elperiodico.com

Fuente: Los Íberos. Imágenes y mitos de Iberia - Rafael Ramos

En la antigua Babilonia existió un ritual, que pudo extenderse por las costas del Mediterráneo como integrante de un espíritu religioso del que Iberia participó en su época. Era el denominado festival religioso del Akîtu, que, relatado por textos mesopotámicos, se celebraba al comienzo de la primavera, con el comienzo de año agrícola, en el momento en que la naturaleza y el dios volvía a la vida, y que tenía una duración de once días durante los cuales participaban en ella todos los habitantes de la ciudad y de su territorio. Se realizaba una procesión al santuario, a la "Casa de Akîtu", al lugar de residencia temporal del dios y la diosa, donde los sacerdotes cumplían los preceptivos ritos de purificación, realizaban sacrificios y pedían por la paz. Después el rey entraba en el santuario y allí se producía la renovación de su mandato, pues era el propio dios quien le concedía la autoridad de gobernar otro año. Luego se realizaban oráculos referidos al destino del país y el día undécimo terminaba la fiesta con un matrimonio sagrado entre el rey la diosa que estaba representada por su sacerdotisa, momento éste en el que comenzaba el año. Pero, mientras se celebraba el festival y como parte de las ceremonias que anualmente se celebraban como motivo del Año Nuevo, se tallaban en madera dos imágenes que se adornaban con oro y piedras preciosas, que simbolizaban a una pareja real y divina, con sus atributos respectivos del dios y la serpiente, y que tres días después de su erección eran ritualmente quemadas. Acto que en nuestros días coincidiría con la festividad de San José y podría relacionarse con las hoy llamadas "fallas".


miércoles, 14 de junio de 2017

Torques de Sagrajas, Sagrajas-Badajoz

En Sagrajas, pedanía creada en el siglo XX bajo el nefasto Plan Badajoz, pues nefastas son siempre las intervenciones estatales en el agro, se hagan bajo la bandera que se hagan, perteneciente al municipio de Badajoz, se halló una singular pieza de oro del Bronce Final, en concreto, de principios del I milenio a. C. Estamos hablando del conocido como Torques de Sagrajas, una pieza de más de dos kilogramos compuesta por dos torques anulares, donde llama la atención su decoración mediante incisiones geométricas y unidos ambos por una incipiente técnica de soldadura.
La pieza en cuestión formó parte de un tesoro o depósito ritual y se encuentra custodiada y expuesta en el Museo Arqueológico Nacional.

Foto: man.es

Se desconoce a ciencia cierta el motivo de dichas ocultaciones, pues existe tanto la hipótesis que indica que podrían haber sido ocultaciones destinadas a evitar que personas o grupos humanos extraños pudieran apropiarse de dichas piezas y otra linea de especulación que, atendiendo a la singularidad de muchas de las piezas pertenecientes a estos tesoros, cree que podrían haber sido depósitos con fines religiosos o cultuales.
Lo cierto es que, centrándonos en nuestra pieza protagonista de hoy, su gran peso y escasa ductilidad parecen indicar el carácter ceremonial de la misma, pues no parece que fuera de uso común, lo que hace creer que podría haber sido utilizada, por ejemplo, por sacerdotisas -o mujeres con similares funciones- en algunas ceremonias muy concretas; claro está que esto, como casi siempre, no dejan de ser meras especulaciones, pero no por ello descartables, pues parecen tener bastante sentido.


lunes, 12 de junio de 2017

Reutilización de estelas y verracos, Villardiegua de la Ribera

Nos acercamos, de nuevo, a los Arribes del Duero; esta vez a su parte zamorana, a la población de Villardiegua de la Ribera, en la comarca de Sayago. Allí, como ocurre en otros muchos lugares, de los que hemos ido trayendo ejemplos a esta página, se han reutilizado estelas y esculturas de la Edad del Hierro o, incluso, del Bronce o el Calcolítico, en la construcción de muros o medianerías. En Villardiegua, al menos, hemos conocido la existencia de una estela con una representación solar o astral y una cabeza zoomorfa en su parte inferior, que parece hubiera pertenecido a un verraco vettón (nos encontramos en un territorio a caballo entre tierra de antiguos galaicos y vettones) y una tosca estela con forma fálica en un muro medianero.

Estela con símbolo astral o solar - Foto: debotass.blogspot.com

Nada sabemos sobre la datación de las mismas. La estela solar y la escultura zoomorfa pudieran ser prerromanas -aunque se cree que creaciones de este tipo se continuaron realizando bajo el yugo romano- y el falo pudiera ser ya de época romana, pues bajo el culto a Príapo proliferaron esculturas de este tipo en dicho periodo. Pero esto no dejan de ser especulaciones de un simple aficionado, profano en la materia, como es mi caso. Lo que sí es cierto es que en la zona existen algunos yacimientos arqueológicos de la Edad del Hierro a uno y otro lado del Duero. En el propio municipio de Villardiegua se encuentra el castro de San Mamede, donde apareció un verraco que se encuentra en una plaza del pueblo, además de representarse en el escudo de la localidad (también aparece una estela solar, que no sabemos si será la que aparece en la fotografía anterior), y en la otra orilla del Duero, en el margen derecho o parte portuguesa, el de São João das Arribas.

Estela o figura fálica - Foto: debotass.blogspot.com


jueves, 8 de junio de 2017

La garra de oso esculpida de Piedra Escrita, Cenicientos

Seguimos sacando valiosísima información gracias a nuestra historiadora predilecta, de la que pusimos hace tres días, en nuestra página, la conferencia que impartió la pasada semana sobre el verdadero uso que se dio a la conocida como Silla de Felipe II. Otro de los testimonios, de los tantos, que ha estudiado Alicia M. Canto, es la conocida como Piedra Escrita de Cenicientos, un antiguo relieve dedicado a la diosa Diana, con una escena esculpida en una gran piedra de unos cinco metros de altura. Pero ya describimos hace unos años dicha escena que, a modo de recordatorio diremos que, representa una imagen de la propia diosa y, en la parte inferior, a una pareja que realiza un sacrificio en honor a dicha divinidad, con lo que hoy volvemos a traer la Piedra Escrita para hablar de otro interesante testimonio digno de mención sobre la misma: la garra de oso esculpida en su parte trasera. En comparación con otras existentes, alguna de ellas también localizada por Alicia M. Canto en los alrededores, se llegó a tal conclusión, conociendo incluso el significado de estos grabados en piedra gracias a una fuente clásica latina, en concreto de Latinus Togatus, quien en el siglo III d. C. afirmó que toda garra de oso grabada en piedra indicaba que se estaba entrando en un bosque sagrado.
Por tanto, no sólo la escena de la diosa Diana, divinidad de los bosques, además de la caza y otras atribuciones, y la propia garra, nos indican claramente que nos encontramos en lo que fue un espacio sacralizado, como poco, desde tiempos de los romanos.

Garra de oso en Piedra Escrita - Foto: Alicia M. Canto - celtiberia.net

Fuente: pasionpormadrid.blogspot.com

El megalito también fue un hito divisorio, dado su emplazamiento justo en la frontera oriental entre las provincias hispanas de Lusitania y Tarraconense, y una señal que advertía de la presencia inmediata de bosques sagrados, como parecen indicar las garras de oso que hay labradas en la zona trasera de la roca.
Alicia M. Canto apoya este último dato en un texto de Latinus Togatus, redactado en el siglo III después de Cristo: "si en un hito divisorio o sobre una piedra natural se representara la garra de un oso, significa que comienza un bosque [sagrado]".
Se concluye así que en el entorno de Cenicientos hubo antiguamente un bosque sagrado y que éste estuvo encomendado a Diana, diosa virgen de la caza y protectora de la naturaleza.


miércoles, 7 de junio de 2017

El Macho Lanú, Las Hurdes

Hacía tiempo que no acudíamos a los angostos y mágicos valles de Las Hurdes y hoy lo hacemos para traer al blog a uno de sus más importantes personajes mitológicos: el Macho Lanú. Si hay algo singular en Las Hurdes con respecto a su mitología es que, mientras en otros muchos lugares cuando hablamos de mitos y leyendas lo hacemos en pasado, en Las Hurdes, estos mitos ancestrales siguen vivos o, al menos, muy vivos hasta hace escasos años; tanto, que algunos de los testigos que dicen haberse encontrado con personajes pertenecientes a dicho rico acervo cultural del pueblo hurdano, siguen, aún a día de hoy, en el mundo de los vivos.
Pero lo que nos interesa a nosotros, con respecto al Macho Lanú, es su conexión con otros personajes mitológicos que forman parte de la cultura occidental, pues se le ha identificado con Fauno, la divinidad romana de los campos y de los pastores, que se asocia a los bosques y que también podía ser una divinidad oracular y profética. Desde este punto de vista parece existir una clara conexión, por tanto, con esta divinidad latina, que a su vez conectaba con el dios griego Pan, cuya representación de macho cabrío se da claramente en el Macho Lanú.

El Macho Lanú y La Chicharrona - Foto: somoshurdes.com

Pero pese a que la Península Ibérica fue imbuida, tras la conquista romana, por la cultura clásica grecorromana, de ahí, quizás, la influencia de sus divinidades, no debemos olvidar la herencia de otros pueblos que configuraron la cultura occidental y que, directamente, se aposentaron en estas tierras, como son los pueblos célticos. En concreto, la zona hurdana, ya sabemos que durante la Edad del Hierro fue territorio vettón y que, como pueblo indoeuropeo céltico, seguramente tenía divinidades paralelas, con orígenes comunes, a las mencionadas. Así, la cultura celta tenía a divinidades como a Cernunnos, que aunque es identificado con el ciervo y no con el macho cabrío, no dejaba de ser una deificación del animal macho cornudo en general, por lo que algunos autores, como Juan Ignacio Cuesta, encuentran un cierto paralelismo entre el Macho Lanú y el dios céltico Cernnunos, del que se han encontrado representaciones desde Dinamarca, como en la del famoso Caldero de Gundestrup, hasta en la propia cerámica de Numancia, de la que dejamos, en su momento, constancia en Iberia Mágica.
Evidentemente, no hace falta decir, que estas divinidades, en gran parte con funciones benéficas o bienhechores de la Humanidad, han llegado hasta nuestros días, bajo el influjo de las religiones monoteístas posteriores -el Cristianismo en el caso Europeo-, como todo lo contrario. Así, los cuernos y pezuñas de cabra del dios Pan, llegados hasta nuestros días, en lugares como Las Hurdes, en forma de nuestro protagonista de hoy, el Macho Lanú, son identificados con el mal e, incluso, con el mismísimo Diablo.
Como curiosidad hemos de decir que siempre es recreado en el ancestral Carnaval Hurdano, así como en la fiesta de La Carvochá y La Chicharrona, que actualmente se celebran estas dos últimas conjuntamente, por lo que ocupa un papel muy importante dentro de la tradición de esta montañosa comarca.


 
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