miércoles, 28 de diciembre de 2011

Los Toros y el Monte de Guisando, El Tiemblo

Hoy queríamos citar las esculturas zoomorfas vetonas -conocidas como verracos- más famosas: Los Toros de Guisando. Pero no sólo la existencia de éstas, sino el cerro junto al que se encuentran y del que toman nombre, el Monte de Guisando, el cual constituye el inicio oriental de la Sierra de Gredos y cuya figura no hubo de pasar desapercibida a los caminantes que durante siglos y milenios recorrieron una vía pecuaria que en tiempos de Alfonso X el Sabio pasaría a formar parte de la red de Cañadas Reales, la conocida como Cañada Real Leonesa. El que esto escribe puede decir que su silueta al amanecer vista desde el oriente resulta impactante y más aún puede resultar si el viajero desconoce la existencia de estas cuatro esculturas de granito que a sus pies se encuentran y sobre las que tanto se ha especulado. Son varias las teorías que han tratado de explicar el significado de estas manifestaciones en piedra tan características del antiguo pueblo prerromano de los vetones, de entre las que destaca la postura que entiende que cumplían una función protectora o mágica del principal sustento de este pueblo: el ganado.















Los Toros de Guisando y, al fondo, el Monte de Guisando

Estos toros de piedra están alineados lomo con lomo mirando hacia el Occidente, precisamente hacia el Monte de Guisando. En uno de los toros destaca una inscripción latina que dice: LONGINUS PRISCO - CALA ETIQ – PATR – F., que según traducción del gran Manuel Gómez-Moreno significa: Longino erigió estos Toros a su padre Prisco Calético, lo cual abrió especulaciones en relación a su origen cronológico, pues pudieron haber sido esculpidos en época romana al estilo indígena -vetón en este caso-, aunque más bien se cree que la inscripción fue posterior a la creación de estas esculturas. En el Monte de Guisando, en su ladera, existen los restos del Monasterio jerónimo de Guisando, donde Felipe II pasaba las semanas santas, lugar del que se dice pudo estar entre los que barajó como posibles ubicaciones del futuro monasterio de El Escorial, aunque otros autores rechazan esta última afirmación; más arriba nos encontramos con la Cueva de San Patricio de la que Cela nos contó la leyenda popular que afirmaba que llegaba hasta Portugal, aunque hay quien, "más cauto, piensa que no más que hasta la laguna de Gredos". Por último, hemos de citar la existencia también de una ermita dedicada a San Miguel.
Desconocemos si existen o no más huellas del pasado que pudieran darnos alguna pista en cuanto a un posible pasado sagrado como monte, pero ahí dejamos constancia de todos estos elementos aglutinados en un mismo lugar que bien pudieran constituir pistas en esa dirección a falta, claro está, de verdaderas pruebas en forma de santuarios rupestres y otras manifestaciones que no sean estos magníficos toros que parecen custodiar eternamente al monte piramidal que les da nombre.

2 comentarios:

  1. Otra perspectiva:

    http://www.lanochedelostiempos.es/galeria/toros.html

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  2. Para mi gusto los toros son muy tardíos, por detalles de la cabeza y formas, nada que ver con otros verracos de la zona, pudieran haberse hecho en plena romanización. El lugar ha ofrecido tradicionalmente solemnidad para pactos y juramentos.

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