viernes, 2 de diciembre de 2011

Pinturas rupestres de la Cueva de La Garma, Omoño-Ribamontán al Monte

Muy cerca de la famosa Cueva de Altamira, encontramos la Cueva de La Garma, donde hace escasos días se ha publicado un curioso descubrimiento que ha doblado, prácticamente, la antigüedad estimada de las pinturas existentes en la misma. Una estalagmita ha sido el elemento crucial para llegar a esta conclusión que dejaría de encuadrar estas pinturas en el Magdaleniense y lo haría en el Gravetiense, lo que supone un importante cambio en la visión que se tenía con respecto a este periodo considerado como mucho más primitivo de lo que estas pinturas parecen decirnos. Esto demuestra, una vez más, que es mucho lo que se desconoce aún sobre estos lejanos periodos y manifestaciones de la Prehistoria y que, seguramente, la ciencia está únicamente manejando las primeras piezas de un complejo puzle.













Monte La Garma, donde se halla la cueva bajo la visera blanca que se aprecia en la fotografía


*Fuente: Teodoro San José, El Diario Montañés

Los artistas rupestres que mostraron su inspiración sobre las paredes de la cueva de La Garma (Omoño, Ribamontán al Monte) frecuentaron aquella cavidad muchos miles de años antes de lo que venía señalándose en los libros de Historia. Se aceptaba que las pinturas eran coetáneas a las de Altamira, realizadas algo así como hace unos 15.000 años, pero las últimas investigaciones científicas han doblado la antigüedad. Ahora se tiene la certeza de que algunas imágenes de La Garma datan de hace entre 25.000 y 30.000 años. Y si se sabe es gracias a una minúscula estalagmita. O también estalactita, pues no crece en el suelo o en el techo, sino que surge sobre la pared.[...]La Garma tiene inventariadas más de medio millar de pinturas y grabados paleolíticos, sobre todo de animales, desde bisontes o caballos a uros o toros salvajes y ciervos, aunque también aparece el hombre, manos y signos primitivos. Pertenecen a distintos autores y periodos, si bien el reloj cronológico de los investigadores se había parado al fijar una antigüedad estimada de unos 15.000 años, la misma que para los artistas que pintaron Altamira. «Había cierto despiste en cuanto a su datación, pero el Magdaleniense era el límite aceptado para las pinturas de La Garma», indica Arias (Pablo Arias, catedrático de Prehistoria y uno de los directores de las excavaciones en aquella cavidad). «Ahora la medición geofísica es más precisa y se demuestra que pertenecen al estilo Gravetiense». Vamos, que se realizaron unos 150 siglos antes. Más o menos.
De modo que aquellos artistas rupestres que dieron rienda suelta a sus creencias o a sus inquietudes artísticas y pintaron aquel conjunto con un uro y dos cabras sobre un panel de roca dentro de La Garma lo hicieron hace unos 30.000 años. «Esa datación y esos grabados, su expresión gráfica, dicen más del pensamiento individual y de la complejidad social y de pensamiento de las comunidades de entonces», a la que hasta ahora se la consideraba más primitiva. «Ayuda a dar otra imagen de cómo pensaban y se organizaban en esas sociedades», sostiene Arias.

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