martes, 8 de octubre de 2013

El Timiaterio del poblado de La Quéjola, San Pedro

Aún no habíamos hablado en el blog de un objeto de uso cultual muy extendido en la Antigüedad dentro del ámbito mediterráneo: los timiaterios. Éstos eran una especie de incensarios utilizados durante ceremonias religiosas, muy típicos en la Grecia antigua, además de encontrarse su uso también muy extendido entre fenicios y etruscos. Hoy traemos el Timiaterio de La Quéjola, que toma el nombre del poblamiento íbero en el que fue hallado, el cual se halla en San Pedro, municipio perteneciente a la Mancomunidad de Sierra de Alcaraz y Campo de Montiel. Se dice que representa a una hetaira, además de ser sacerdotisa de la diosa fenicia Astarté. Está realizada en bronce y hoy en día se encuentra en el Museo de Albacete. Se encuadra dentro del Periodo Orientalizante.

Habitaciones de uso cultual de La Quéjola donde fue hallado el timiaterio - Sebastián Celestino Pérez y Juan Blánquez Pérez

*Fuente: El imaginario del joven en la cultura ibérica, Teresa Chapa-Ricardo Olmos

En este pequeño poblado de la provincia de Albacete se recuperó casualmente en 1986 el extremo superior de un timiaterio o lampadario de bronce, cuyo fuste lo conforma una figura femenina desnuda que puede calificarse como infantil, si tenemos en cuenta la falta de desarrollo de sus senos. El hallazgo dio lugar a unas excavaciones en las que se pudo definir un asentamiento amurallado, organizado a los lados de una calle central y dedicado sobre todo al almacenaje, especialmente de vino. Su fundación se sitúa en algún momento del siglo vi a.C., fecha que conviene al timiaterio, y su uso se prolonga algo más de un siglo. Quizás el bronce llegó con los primeros moradores, instalándose en algún edificio que tuviera funciones religiosas. Allí siguió empleándose hasta que, probablemente ya roto, fue abandonado cuando la población se retiró de este lugar. 
La figura femenina está de pie, adelantando ligeramente una de sus piernas. Los únicos elementos que adornan su cuerpo son dos brazaletes y la peluca egiptizante, de la que surgen dos largos tirabuzones. Sus dos manos están cerradas, una sujeta una paloma y la otra portaría un objeto que no se ha conservado. Su cabeza sustenta, a modo de cariátide, las hojas de un capullo de loto invertido que sirve a su vez de base a la cazoleta superior. Escultura con funcionalidad arquitectónica, que asocia el objeto a la divinidad a través de un personaje vinculado con ella. La figura alude al modelo de Astarté, tan integrado en la Península Ibérica, y representa quizás a alguna muchacha al servicio de la diosa portando el pájaro como ofrenda o atributo divino. La edad entre infantil y juvenil ha querido expresarse aquí explícitamente mediante los rasgos físicos y la falta de vestimenta, es un elemento importante de la representación. El tallo del capullo de loto parece surgir de su cabeza, asociándose así al motivo vegetal sagrado. El gesto de portar un ave en relación con la divinidad femenina se asentará definitivamente en el mundo ibérico, como muestran los exvotos de bronce representando jóvenes en esta actitud de Collado de los Jardines. Estamos ante un conjunto de creencias que perdura a través de los siglos, en el que la diosa protege a las mujeres desde niñas, y a ella se dirigen en los diversos estadios de su vida pidiendo protección. Seguramente los ritos de paso del mundo femenino implicaron ceremonias en lugares sagrados, dentro y fuera de los poblados, marcando el ritmo del crecimiento y la integración progresiva de las jóvenes en el entramado social.

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