miércoles, 15 de noviembre de 2017

Toledo y su origen mitológico troyano

Volvemos a Toledo para mencionar otra de las leyendas existentes sobre su origen mitológico. Si hablamos, en su momento, de su origen herculano, hoy volvemos para manifestar su origen troyano y lo queremos hacer utilizando la obra de un pintor tan asociado a esta mágica ciudad, capital de la antigua Carpetania, como es Doménikos Theotokópoulos, más conocido como El Greco, y una de sus últimas pinturas, como es Laocoonte. En 1609 El Greco pintó el original de Laocoonte y dos copias. La original, junto a otras obras de distintos autores, incluida una de Leonardo da Vinci, fue pasto de las llamas en el incendio que sufrió el Alcázar de Madrid, solar que ocupa actualmente el Palacio Real, en 1734. De este modo quedaron sólo las dos copias, conociéndose, en la actualidad, la que se encuentra en la Galería Nacional de Arte de Washington (Estados Unidos), de la que aportamos una fotografía en la entrada.
En la pintura, como se puede comprobar, además de los troyanos Laocoonte y sus hijos, a los que sendas serpientes dan muerte, aparece a la derecha del cuadro una pareja, la cual que se ha asociado a distintos personajes y al fondo, lo que resulta más curioso, no aparece la ciudad de Troya, que sería lo normal en dicha escena, sino la de Toledo.
Pedro Ortega, autor de un artículo titulado "Tras las claves del entierro del señor de Orgaz", en una reciente entrevista radiofónica, nos relata el motivo de la aparición de Toledo, y no de Troya, en la obra de la que hoy hablamos, apuntando a la conexión mitológico-troyana de la ciudad de Toledo.



Fuente: Pedro Ortega

El Greco se ve fascinado por la obra helenística sobre Laocoonte que está en los Museos Vaticanos de Roma, que es este personaje musculoso con cabello largo y barba, que está con sus hijos rodeado de serpientes, encontrándose en unas posturas totalmente en escorzo, que dan una mayor impresión de violencia, y que causó sensación, cuando se halló en 1506, al tener defensores como Miguel Ángel.
Laocoonte era un sacerdote de Apolo en la ciudad de Troya. Los griegos, como es bien conocido, hacen la treta de presentar un caballo gigantesco ante las murallas de Troya, el cual está lleno de soldados. Éstos parecen entregarlo como un presente o regalo a la ciudad de Troya, pero el caso es que cuando los troyanos van a introducir este caballo gigantesco tras las murallas, Laocoonte se rebela, porque se da cuenta de que es un mal augurio, disparando una lanza contra este caballo, momento en el que surgen de la tierra dos serpientes, enroscando y matando a Laocoonte y a sus hijos. Ésa es la escena que representa esta escultura helenística y la que va a representar también El Greco en su Laocoonte. Él no va a copiar, estrictamente, esta obra helenística, sino que va a hacer una libre interpretación. Va a colocar, por un lado, a Laocoonte tendido en el suelo, luchando con una serpiente, junto a sus hijos también en posiciones muy extrañas, como es costumbre en la obra de El Greco, y apareciendo a un lado dos personajes que se ha especulado que podrían ser Apolo y Artemisa o Paris y Helena, ya que estábamos hablando de la Iliada, pero que también dicen que podrían ser Adán y Eva. Pero lo más curioso de esta obra, aparte de todo lo legendario, es el fondo del cuadro, donde hay un paisaje en el que aparece una ciudad. Esa ciudad tendría que haber sido Troya, pero no es Troya, sino la ciudad de Toledo y aquí entroncamos con una leyenda que habla de que Toledo en su día podría haber sido fundada por los descendientes de dos troyanos que serían Telemón y Bruto. De este modo, con esta obra, El Greco no sólo está haciendo honor a esa leyenda griega de La Iliada, sino que está colocando el origen mítico de la ciudad de Toledo en ese pasado legendario, heredero de la ciudad de Troya.



martes, 14 de noviembre de 2017

Necrópolis romana de El Pelícano, Arroyomolinos

En la población cercana, en su curso medio, al río Guadarrama de Arroyomolinos, existe una importante necrópolis que aún no habíamos traído al blog: la Necrópolis de El Pelícano. A pesar de que en 1991 Juan Antonio Ayllón manifestó la existencia del yacimiento, no fue hasta el año 2002 cuando se inició la primera intervención arqueológica. El descubrimiento más importante fue el producido en 2008, del que extraemos parte de una noticia aparecida en la edición digital del diario El País en el mes de julio de aquel año, que no es otro que el hallazgo de un importante mausoleo que ocultaba dos sarcófagos de plomo. Parece ser que la necrópolis está relacionada con dos cercanas villas romanas a menos de un kilómetro de distancia, la conocida como Villa de las Castañeras y Villa del Barranco de Zarzalejo.
Este fin de semana se celebrará, precisamente, en Arroyomolinos, la segunda edición del Congreso Internacional de Historia y Arqueología In Rure, donde se tratará sobre el mundo funerario en la Antigüedad y la Edad Media, congreso en el que se ha prometido hacer públicos nuevos descubrimientos sobre esta necrópolis.

Túmulo funerario subterráneo - Foto: elpais.com

Fuente: Rafael Fraguas - elpais.com 12/07/2008

Data del siglo IV de nuestra era y contiene restos humanos de siete cadáveres, así como dos sarcófagos de plomo, atravesados por maderos, que permanecen aún sin abrir bajo una bovedilla. Presumiblemente, uno de ellos perteneció a un patricio paterfamilias, morador de una villa romana próxima, y el otro fue colectivo; todos fueron enterrados en esta necrópolis, sobre una vaguada que hoy es una parcela a punto de urbanizar y que esconde muchos otros vestigios. Entre ellos figuran dos pilares de un atrio contiguo a los sepulcros, más una trama aldeana próxima a los mausoleos.
[...]El hallazgo incluye, además de los restos humanos, muretes domésticos de piedra y senderos, así como materiales cerámicos, terrasigilatas y fragmentos de ajuares de una secuencia anterior, hacia el periodo alto-imperial en torno al siglo I; y su evolución hacia las etapas visigoda, islámica y altomedieval, una alquería del siglo XIII.
La cámara contigua a los dos mausoleos formaba parte de los ritos funerarios de Roma. En ella se solía introducir hidromiel, que impregnaba su interior, donde, junto al cadáver, con sus atributos, fíbulas, cinturones, collares o diademas, se colocaba una muestra de banquete postrero.
[...]Encima de este sarcófago han sido hallados restos de hasta siete cuerpos humanos, procedentes de otros enterramientos ulteriores, dentro de la misma etapa. El sarcófago más pequeño, en esta ocasión colocado de forma vertical en el muro, podría pertenecer a un niño. En el perímetro de los dos mausoleos se encuentran dos pilares que jalonaban un atrio o nártex hoy desaparecido. 



domingo, 12 de noviembre de 2017

Ermita de San Elías, la Cueva de Sandaili y su ritual de fertilidad, Araoz-Oñati

Seguimos en Guipúzcoa para dejar constancia, en el blog, de otro ejemplo de ritual de fertilidad, de los muchos existentes en la Península Ibérica. No lejos del barrio de Araoz de Oñate, se encuentra la Ermita de San Elías, junto a la Cueva de Sandaili, en otro claro ejemplo más de simbiosis entre templo y cueva. Allí las mujeres de distintos pueblos subían a realizar sus distintos rituales de fertilidad que la fuente aportada más abajo, en esta ficha, describe con claridad. Se habla, en este caso, de que San Elías podría estar cristianizando a una vieja divinidad indígena del lugar. Así, llama la atención encontrar a un religioso, en este caso franciscano, de nombre Martín Mendizábal, estudiando estos asuntos, tan ocultados por los integrantes de la Iglesia, y relacionando el nombre de la cueva Sandaili, no con San Elías, sino con Santa Ylia, que especula podría cristianizando a una antigua divinidad de nombre Ivulia.

Foto: alavaentusbotas.blogspot.com

Fuente: Marian González - Diario Vasco 13/03/2011

Junto a las escaleras que suben hacia la ermita encontramos un abrevadero de piedra labrada, que recoge las gotas que rezuman de las paredes. Era el escenario de unas misteriosas ceremonias de fertilidad, que probablemente hunden sus raíces en remotas creencias de origen celta y que se prolongaron hasta la segunda mitad del siglo XX.
El etnógrafo José Miguel de Barandiarán recogía en su «Diccionario ilustrado de la mitología vasca», que las mujeres de Salinas de Léniz iban hasta Sandaili y sumergían en la bañera de piedra tantos dedos de la mano como hijos quisieran alumbrar. Entre las de Oñati, en cambio, la costumbre consistía en meterse en el agua hasta la cintura, «operación que se expresa con la palabra berau, ablandarse». Otras mujeres dejaban ofrendas de ceras y aceites, se lavaban las manos o mojaban ropas infantiles.
También caminaban hasta la gruta los habitantes de algunos pueblos alaveses cercanos, que venían a pedir lluvias en tiempos de sequía. Estos baserritarras rezaban a San Elías, a quien está consagrada la ermita de la cueva, pero en realidad ese nombre podría ser la adaptación cristiana de un viejo culto pagano. Y es que la denominación de la gruta, Sandaili, quizá no derive de San Elías sino de Santa Ylia según las investigaciones del franciscano Martín Mendizabal, y esta podría relacionarse con la diosa Ivulia.
En el fondo de la gruta se hallaron además huesos humanos y fragmentos de vasijas, probablemente de aquellos antepasados prehistóricos que iniciaron las ceremonias mágicas de Sandaili.


Foto: alavaentusbotas.blogspot.com




El macizo de Aizkorri, el dolmen de Tártaloexte y el gentil Tártalo, Guizpúzcoa

Volvemos a bucear en la rica mitología vasca. Y cuando hablamos de mitología vasca, siempre, o casi siempre, aparecen las montañas como protagonistas. Hoy nos acercamos al macizo de Aizkorri, al pico de su mismo nombre dentro de este conjunto montañoso, con 1528 metros de altitud. Junto a este pico, en un dolmen de nombre Tártaloexte, del que no hemos encontrado ninguna imagen, tiene su morada el gentil -aquellos gigantes deformes de la mitología vasca- Tártalo, de ahí el nombre del propio megalito como "casa de Tártalo". Muy cerca, en el monte Aketegi, también perteneciente al macizo de Aizkorri, tiene la diosa Mari otra más de sus moradas. En la cima del Aizkorri se construyó la Ermita del Santo Cristo, lo que nos da una prueba más de encontrarnos ante una antigua montaña sagrada, pues ya sabemos que este tipo de templos u oratorios no se levantaban aleatoriamente y menos en lugares de difícil acceso, como es la cumbre de una montaña.

Cima del Aizkorri y Ermita de Santo Cristo, con Peña Aratz emergiendo al fondo sobre un mar de nubes. Foto: deviajeporeuskadi.com

Fuente: Montañas sagradas en el País Vasco y su mitología - María Constanza Ceruti

Los megalíticos característicos del paisaje arqueológico de Euskadi aparecen en la mitología vasca como estrechamente vinculados a los míticos “gentiles” a quienes se caracteriza como gigantes -usualmente deformes- que moran en las montañas. “Tártalo”, un gentilemparentado con los cíclopes de la mitología
mediterránea, tiene su morada en un dolmen en el macizo de Aizkorri, cuya cima de 1528 metros constituye la máxima elevación de Guipuzkua. El paraje asociado con dicho megalito recibe la lógica denominación de Tártaloexte (“casa de Tártalo”). A la toponimia se suman los relatos folklóricos: el gentil Tártalo ha sido avistado personalmente por una anciana que pastorea en la región (Luis del Río, comunicación personal).

lunes, 6 de noviembre de 2017

Capela de San Alberte, Ribeira

Nos acercamos a la comarca gallega de O Barbanza, a la población de Ribeira, donde encontramos otro caso de simbiosis entre templo cristiano y lo que parece ser un antiguo santuario rupestre. Hablamos de la Capilla o Capela de San Alberte y el monte del mismo nombre, en cuya cima se encuentra la ermita, con lo que podemos decir, también, que estaríamos, seguramente, ante lo que fue un monte o montaña sagrada, de las tantas existentes en la Península Ibérica en general y en Galicia en particular. Por tanto tenemos tres elementos, como son la ermita o capilla, la roca sacra y la montaña que hacen sospechar sobre esta clara vinculación.
La panorámica alrededor es muy amplia, con una hermosa vista de Ribeira a un lado y el Parque Natural de Corrubedo al otro lado, característica que se suele dar en muchos de estos lugares.

Foto: xoanarcodavella.com



viernes, 3 de noviembre de 2017

Relieves del santuario romano de Frende, Frende-Baião

En el Museo Nacional de Arqueología de Lisboa se pueden contemplar sendos relieves en granito, de época romana, que proceden de un santuario romano hallado en Frende, freguesia del concelho -concejo- de Baião, en el distrito de Oporto. Los hallazgos están a caballo entre los siglos III y IV d. C., es decir, en el paso del paganismo al cristianismo, por lo que existen testimonios de ambas religiones en dicho enclave, así aparecieron tumbas antropomorfas paleocristianas, por lo que las divinidades que allí serían objeto de culto, fueron sustituidas, en el santoral, por la figura de San Juan Bautista. Pero centrándonos en los relieves, el primero representa una especie de curioso ritual en el que tres oficiantes, con una especie de manto en la cabeza o moño, no se sabe muy bien, ofician lo que han venido a interpretar, según el texto explicativo del propio Museo, como una especie de ritual de iniciación, con respecto a un cuarto individuo. Por último, el otro relieve representa lo que parece va a ser el sacrificio de un bovino.

Foto: agrupamento-vale-ovil.edu.pt

Fuente: Fichas del Museo Nacional de Arqueología (traducción del portugués)

Gruesa losa de granito con un relieve, en una de sus caras, que representa una procesión. En ésta, cuatro personajes de pie se encuentran cubiertos de ropa larga, pareciendo tener en sus cabezas unos moños de gran tamaño o unos mantos con los que cubren sus cabezas. Se trata de un cortejo iniciático, en el que un personaje saluda a otro, al que le siguen otros dos oficiantes. 
[...] La conducción de animales para el sacrificio y las procesiones documentan actos que se realizaban en los templos y que eran representados con frecuencia.



jueves, 2 de noviembre de 2017

El teónimo Quangeius, Malpartida de Plasencia

Traemos un teónimo que hasta ahora no había aparecido por el blog de nombre Quangeius. Lo hemos conocido a través de un estudio que se centra en la búsqueda de divinidades, ya fueran vetonas o romanas, en la zona noreste de la provincia de Cáceres. En lo que se refiere a esta divinidad y esta zona concreta, el único caso conocido de esta divinidad de facultades salutíferas, que ha sido asociado a distintas divinidades romanas, se halló en Malpartida de Plasencia, pero existen más ejemplos que se extienden, no sólo en zona vettona, sino por tierras de antiguos lusitanos, como Guarda, Coimbra o Castelo Branco. Como ocurre con muchos de estos teónimos, es muy poca la información que se puede hallar, más allá de la fuente que aportamos más abajo, con lo que, al menos, dejamos constancia de su existencia, a pesar de no poder profundizar más en su descripción, ni poder aportar ninguna imagen del ara o la inscripción de Malpartida de Plasencia.

Malpartida de Plasencia - Foto: panoramio.com

Fuente: Divinidades y lugares de culto vetones y romanos en el noreste de la provincia de Cáceres - Julio Gómez Santa Cruz y Julio Esteban ortega

Otra divinidad masculina que acumula atributos salutíferos es Quangeius, del que se documenta un único testimonio procedente de la localidad de Malpartida de Plasencia. Este Quangeius rebasa el Tajo y se prolonga hasta la zona de Portalegre y extiende su culto por la vertiente izquierda del río Mondego, entre las ciudades portuguesas de Guarda, Coimbra y Castelo Branco. Se ha considerado a Quangeius como una divinidad de carácter soberano, vinculado a Júpiter, y también, basándose en la etimología de la palabra, como un dios lupino o canino o en relación con una etnia que llevara el nombre de este animal. Quizás haya que vincularlo con Apolo que también tiene su vertiente lupina (Apolo Lyckaios).


lunes, 30 de octubre de 2017

Las cabezas de la Iglesia de Santa María la Mayor, Fuente Úrbel

Estamos en vísperas de una de las grandes festividades ancestrales del año y, como solemos hacer en algunas ocasiones en relación a las mismas, traemos algunas muestras o creaciones relacionadas con éstas. Hoy, en concreto, nos acercamos a la población burgalesa de Fuente Úrbel, en la comarca de Páramos, para contemplar un curioso capitel, en su Iglesia de Santa María la Mayor, donde se puede observar a un grupo de cabezas con extremidades, que, según se dice, son la representación de un grupo de ánimas, lo que, evidentemente, conecta con la festividad de mitad de otoño en la que nos encontramos, cuando las tinieblas y, con ellas, el recogimiento, van ganando terreno a la luz, siendo, por tanto, un momento que invita más a recordar a nuestros antepasados y seres queridos que ya no se encuentran entre nosotros.

Foto: Rosa G. Nieves

Fuente: circulo-romanico.com

El conjunto se repite, en forma parecida ....en Fuente Urbel, iglesia ésta donde a las cabezas les acompañan extremidades, y, sobre todo, un lienzo. Parece bastante claro que en Fuente Urbel se representa a todos los muertos, a “Todos los Santos”, en un sincretismo del Shamain celta, del “halloween”. Por buscar una interpretación a lo de Siones/Escalante digamos que quizás representan lo mismo, y que puesto que Escalante es anterior a Fuente Urbel la representación es más burda, menos clara, menos lograda. 


viernes, 27 de octubre de 2017

Viriato y su leyenda en la Sierra de San Vicente

Hace escasas fechas visité la bella comarca serrana de Sierra de San Vicente, de la que recientemente hemos hablado por aquí en un par de ocasiones. Quería conocer la que dicen es la sierra en la que se encontraba el mítico Monte de Venus, en el que Viriato, según Apiano, acampaba tras sus campañas de guerra contra el invasor romano. La referencia en cuestión dice lo siguiente: "cruzó el río Tajo y acampó en un monte cubierto de olivos, llamado monte de Venus."
Según la crónica de Apiano, por el lugar de donde venía, debió cruzar el río Tajo del margen izquierdo, al derecho, o, lo que es lo mismo, de sur a norte, con lo parece casi seguro que, de no estar equivocada la información que el autor romano, de origen griego, recogió en su obra, este monte, el Monte de Venus, se encontraba en algún lugar del Sistema Central. De ahí que no sólo se maneje la hipótesis de Sierra de San Vicente, la más apoyada, sino otras posibles ubicaciones, como la del Castro de El Raso de Candeleda o Castro de El Freíllo, en la Sierra de Gredos; la del Monte de Jálama, en la comarca de Sierra de Gata; la Sierra de Santa Marina, junto a la Vía de la Plata, entre las poblaciones de Cañaveral y Casas de Millán, ambas de la Comarca de Monfragüe; y, por último, se habla también de la Sierra de la Estrella, en Portugal, lugar que dicen fue la cuna de este personaje histórico.


El Piélago, lugar en el que, según la creencia popular de la zona, Viriato situaba su campamento de invierno. Al fondo se puede apreciar la Sierra de Gredos - Foto: Iberia Mágica - 24/10/2017


Pero hoy nos centraremos en la Sierra de San Vicente, no porque creamos que podamos descifrar una cuestión de tan difícil respuesta, sino para mostrar como un personaje histórico de hace más de dos mil años puede formar parte de la leyenda e incluso de la mitología, se puede decir, de las gentes que habitan esta comarca en la actualidad. Tanto es así, que no sólo identifican, dentro de las distintas montañas y montes que integran esta sierra, al propio Monte de Venus, sino incluso el lugar exacto en el que el héroe lusitano instalaba su campamento invernal.
En relación al Monte de Venus, éste se dice que es el Pico de San Vicente, montaña que tiene una cueva que le une con la leyenda cristiana que dice que en ella se refugiaron los niños Vicente, el mártir que sería conocido como San Vicente de Talavera, dando nombre a esta sierra, y sus hermanas Sabina y Cristeta, tras la persecución sufrida por Publio Daciano que les hizo huir de su Talavera de la Reina natal, la Caesarobriga romana, para ser posteriormente atrapados en Ávila, tras pasar por esta sierra y ser martirizados en la antigua ciudad castellana, también de origen vettón, donde encontraron el final de sus días.
En cuanto al campamento, éste se dice que se encontraba en el paraje, abundante en castaños en la actualidad, donde pudimos probar su rico fruto, de gran fama por la calidad y tamaño de sus castañas, conocido como El Piélago. Este lugar se encuentra en la parte alta del puerto que une las poblaciones de El Real de San Vicente, en el valle del Alberche, y Navamorcuende, en el valle de El Tiétar, los dos valles que vertebran una y otra vertiente de la Sierra de San Vicente, existiendo los restos de un convento, conocido, precisamente, como Convento de El Piélago, que ha sido reconstruido en parte de su estado ruinoso. Las vistas desde este lugar, hacia el valle del Alberche, son impresionantes, pudiendo apreciarse una gran parte de los Montes de Toledo de telón de fondo hacia el sur, el valle del Tajo, río sobre el que se posaban, aquel día, unos bellos bancos de niebla matinales y muchas de las poblaciones cercanas y no tan cercanas, como la propia capital del Estado, hacia el Este, con su gran nube de polución en su parte superior que nos sirvió de pista para identificarla. Sin tener la información, estuvimos imaginando, que de ser cierto que Viriato hubiera morado aquellas sierras, el control visual sobre el territorio circundante, desde aquel preciso lugar, sería magnífico. Fue, más tarde, antes de volver a nuestros lugares de residencia, cuando un grupo de amables señores, oriundos del pueblo de Castillo de Bayuela, que hace poco trajimos al blog por la estela hallada en su momento en este pueblo, nos contaron, con todo convencimiento, que en El Piélago, que se halla junto al Pico de San Vicente, el que dicen es el Monte de Venus, como se ha dicho, Viriato tenía su campamento. Evidentemente entendemos que, desde un punto de vista histórico, no existe prueba alguna en tal dirección, pero sí nos impresionó esa seguridad y familiaridad que estos habitantes de la comarca mostraban con el personaje histórico en cuestión. Hemos de decir que existe una ruta de montaña conocida como la ruta de Viriato, una carrera popular conocida como Las II Leguas de Viriato o incluso una peña de fiestas, de El Real de San Vicente, de nombe Los Viriatos, según he podido averiguar, con lo que Viriato, evidentemente, forma parte, claramente, del acervo cultural de los habitantes de Sierra de San Vicente.
Por tanto, se puede decir que en Sierra de San Vicente existe un mito muy vigente en los tiempos presentes alrededor del héroe lusitano, lo que no deja de sorprender, a la par que agradar, pues resulta de gran interés descubrir esta curiosa simbiosis entre el personaje en cuestión y los habitantes de esta bella comarca.

Vista hacia los valles del río Alberche, primero, y el Tajo, después, con los Montes de Toledo al fondo y la población de El Real de San Vicente abajo - Foto: Enrique Beato Martínez - 24/10/2017


jueves, 26 de octubre de 2017

Nuestra Señora de la Encina, Pinofranqueado

Si en nuestra anterior entrada hablamos de la vinculación, a nivel general, entre el culto mariano y antiguos cultos que retrotraían, posiblemente, al culto a la Madre Tierra, hoy traemos un caso particular dentro de una de las tipologías que se mencionaron. En la fuente aportada se dijo que no era casual que la Virgen "se apareciera" junto a cuevas, fuentes o en otro tipo de lugares que fueron objeto de culto en tiempos anteriores al propio cristianismo, como son los árboles, de los que ya sabemos, por bastantes ejemplos traídos al blog, que fueron objeto de veneración desde tiempos ancestrales. Nuestro ejemplo de hoy encaja, precisamente, en uno de estos últimos supuestos, pues traemos el caso de la conocida como Nuestra Señora de la Encina, que según cuenta la leyenda, se veneraba en el Convento franciscano de Los Ángeles, no lejos de Ovejuela, alquería del concejo de Pinofranqueado. Posteriormente se dice que quiso ser llevada a una ciudad importante de la zona, no se sabe si a Coria u a otra, en el exterior de la comarca, pero al pasar por Pinofranqueado los mulos que la transportaban se detuvieron ante una encina y esto, como ocurre en tantos otros ejemplos -es un elemento muy recurrente-, fue interpretado como deseo de la propia virgen de querer permanecer en dicho lugar, con lo que posteriormente se construyó, en este sitio, la Iglesia de Nuestra Señora de la Encina, que es la iglesia parroquial de Pinofranqueado donde se da culto a dicha virgen.
Esto, evidentemente, nos hace sospechar que en dicho lugar pudiera haber existido alguna encina, de la que esta virgen tomó su nombre, que podría haber sido objeto de veneración con anterioridad al propio culto cristiano y ser el sustituto de otros árboles venerados con anterioridad, pero aquí, evidentemente, entramos en el campo de la especulación. Además, el templo se dice que fue construido en el siglo XVII, con lo que el cristianismo, evidentemente, llevaba ya bastantes siglos instalado en estos valles, aunque quizás el nombre de la iglesia y de la propia virgen puedan ser una reminiscencia de lejanos cultos dendrolátricos, como bien apunta la fuente que aportamos, que pudieran haberse dado en dicho enclave.
A título anecdótico, como se puede ver, el propio nombre de la población, y del concejo, hacen referencia a otro árbol, muy abundante en la zona, tristemente, en muchos casos, a causa de una no muy positiva reforestación, pues no debería ser el árbol predominante en la zona.

Foto: verpueblos.com

Fuente: Apariciones marianas en Extremadura (III) - José Luis Rodríguez Plasencia - Revista de Folklore número 363 - Año 2012

En la localidad hurdana de Pinofranqueado son las mulas que tiran del carro que transportaba la imagen de una Virgen, las que deciden el lugar donde ha de rendírsele culto. 
Eva Martín, desde Azabal, me informa que según una antigua tradición que circula por la comarca, dicha Virgen se veneraba antaño en el hoy derruido convento franciscano dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles, próximo a la alquería de Ovejuela, en el nacimiento del río de los Ángeles, junto a la titular de la abadía.
No consta en los archivos de la memoria hurdana ni en los registros parroquiales las circunstancias o motivaciones que indujeron a las autoridades eclesiásticas a sacar la imagen rumbo a esa ciudad importante -tal vez Coria, tal vez Plasencia…- que menciona la leyenda… Lo cierto es que cuando la carreta que la trasladaba llegó a Pinofranqueado, los mulos se detuvieron junto a una encina y no se movieron más, a pesar de los denuestos del carretero y de los golpes que les propinaban. Este hecho fue al fin interpretado como un designio divino indicativo de que la Virgen quería permanecer en aquellos lugares para seguir velando por sus habitantes. Así que se le erigió un templo donde ser venerada bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encina, advocación con visos dendrolátricos si se tiene en cuenta el lugar donde curiosamente fueron a detenerse las mulas. 


martes, 24 de octubre de 2017

El culto mariano o culto a la Madre Tierra

Una vez leí o escuché, ahora no recuerdo, que el mejor lugar -o uno de los mejores, tampoco lo recuerdo- del mundo para rastrear cultos paganos era la Península Ibérica. No sabemos si es algo exclusivo de la llamada piel de toro extendida que dijo Estrabón, o, seguramente, también se dé en muchos otros lugares europeos y de otros continentes. Yo, personalmente, apuesto por lo segundo -hay claros ejemplos no sólo en la Península, sino en Europa y en otros continentes-, pero ello no es óbice para que no crea que verdaderamente estamos en una tierra muy rica en sincretismos, de ahí que uno se animara a recopilar, breve y modestamente, lugares y cultos de este tipo en el presente blog.
Lo que hoy traemos son unas líneas en las que queda claro que detrás de la leyenda tan recurrente del hallazgo o aparición de vírgenes, en muy distintos lugares, se da un clara conexión con cultos aún mucho más antiguos, en los que se especula, además, con la posibilidad de que la Virgen de turno no esté haciendo otra cosa que sustituir, como ya se ha apuntado en más de una ocasión por aquí y como es bien conocido por los interesados en estas temáticas, a antiguas divinidades femeninas, que a su vez no son otra cosa que la herencia del antiguo culto a la Madre Tierra del que tanto se ha hablado.

Virgen de Soterraña en su cueva, Madroñera (Cáceres) - Foto: chdetrujillo.com

Fuente: Los peregrinos del Camino de Santiago - Juan García Atienza.

Por si fuera poco, la mayor parte de aquellas imágenes fueron envueltas en un espeso velo de misterio milagroso y casi no cabe tropezar con ninguna que no tenga su leyenda, narrando un prodigioso descubrimiento que habría puesto al descubierto la imagen, supuestamente escondida por temor a que fuera profanada por la invasión árabe, y olvidado después el escondrijo donde fue depositada. Hay imágenes que "aparecieron" en cuevas, en troncos de árboles (generalmente árboles sagrados de la Antigüedad precristiana), debajo de megalitos, a la sombra de arroyos, en el pico de montes venerados por los ancestros, en el fondo de simas inaccesibles que emitieron luminarias para avisar de lo que había en sus profundidades. Y fueron muchas las imágenes que, una vez encontradas, demostraron palpablemente que "deseaban" ser veneradas en el lugar donde las encontraron y que, trasladadas a otro, "regresaron" al sitio del encuentro, solo para mostrar su voluntad de permanecer allí y su deseo de que fuera también allí donde se les levantase el preceptivo santuario.
Estas circunstancias, lejos de fomentar la intención milagrera, y vistos tanto los modelos iconográficos como los lugares donde se les levantó capilla para que fueran a venerarla propios y extraños -léase peregrinos-, nos muestran, a menudo, la presencia de espacios ancestralmente sagrados que fueron recuperados por la memoria de los fieles, que, de pronto y sin encomendarse a ninguna autoridad, los volvieron a hacer suyos, después de que la fe cristiana generalizada hubiera hecho todo lo posible por olvidarlos. Tales lugares, según cabe demostrar en muchos casos, conservaron por mucho tiempo, e incluso siguen conservando en la actualidad, en algunos casos, cualidades que en tiempos de ignorancia pudieron tenerse por prodigiosas: aguas medicinales o detección de especialísimas energías telúricas que fueron sacralizadas por los efectos aparentemente sobrenaturales que producían. En este sentido, y para los peregrinos que quisieran advertirlo, aquella presencia de imágenes de Nuestra Señora en el Camino, o en sus proximidades, era también una llamada de atención a al antigua sacralidad de la Tierra, adorada como Diosa Madre a través de las numerosas deidades femeninas que proliferaron en la Antigüedad, desde Deméter a Belisana, desde Istar a Isis la Negra, cuyas cualidades de negritud heredaron con todas sus consecuencias muchas de las más veneradas imágenes de aquellos primeros tiempos de la exaltación del culto mariano.

sábado, 21 de octubre de 2017

La ancestralidad de Roncesvalles

Muchos topónimos guardan el significado de una realidad que va más allá de la simple apariencia o composición etimológica. Hoy traemos uno muy conocido, como es Roncesvalles, por ser la puerta de entrada a la Península, a través de los Pirineos, del conocido como Camino de Santiago francés. Gracias a los apuntes que extrajimos del libro Los peregrinos del Camino de Santiago, de Juan García Atienza, hemos conocido la etimología de esta localidad pirenaica, que le relaciona con la rosa o el espino, topónimos que ya sabemos que, en muchos casos, son la llave con la que descubrir una antigua sacralidad. Según García Atienza, tras estos topónimos se hallan petroglifos, dólmenes y otros antiguos elementos de esta naturaleza. Así, en los alrededores de Roncesvalles, se encuentran los dómenes de Epersaro, Arregi o Mediaundi, además de curiosas rocas, como la conocida como Puerta de San Juan, a la que seguramente podamos dedicar una ficha en un futuro, y un monasterio, que ya sabemos que solían situarse en antiguos eremitorios que, en muchos casos, a su vez ocupaban un lugar de culto precristiano.

Roncesvalles - Foto: mygola.com

Fuente: Los peregrinos del Camino de Santiago - Juan García Atienza.

Roncesvalles se llamó en francés Roncevaux, que quiere decir el valle de las espinas. Y en el viejo castellano de los navarros, Rozavals, el "Valle de las Rosas". No es la única llamada que encontramos en el Camino -y en numerosos lugares- a las espinas o a las rosas espinosas. Y, curiosamente, tales lugares suelen localizarse rodeando un lugar ancestral de virtudes escondidas, cercando la presencia de un conjunto dolménico, avisando la cercanía de una aglomeración de petroglifos o dando cuenta de la proximidad de un monasterio escondido entre las serranías, que fue construido en algún antiguo lugar de poder.


viernes, 20 de octubre de 2017

Grabados en el Dolmen de La Coraja, Aldeacentenera

Nos acercamos a la conocida, en el pasado, como Tierra de Trujillo, hoy comarca de Trujillo, al municipio de Aldeacentenera. Allí existe un curioso castro vettón, el castro de La Coraja, donde se halló un dolmen, el Dolmen de La Coraja, que es nuestro protagonista en esta ficha. Las películas de dibujos animados de Asterix y Obélix, basados en un famoso comic francés -Astérix el Galo- que se inició en 1959, nos hizo creer a muchos en la infancia que los antiguos galos o, los celtas en general, fueron los creadores de los dólmenes, menhires y demás megalitos, algo normal cuando veías a Obélix, con su gran fuerza, tallar y repartir menhires en un periquete. Con los años descubres que eso no es así, que éstos estaban mucho antes de ellos, a pesar de que muchas de estas construcciones fueran respetadas milenios después, en plena Edad del Hierro, teniendo el famoso ejemplo de Stonehenge, donde se dice que los druidas realizaban sus rituales y celebraciones. Pues en el Dolmen de La Coraja seguramente nos encontremos ante un caso similar, pues se hallaron evidencias de la Edad del Hierro, es decir, de la época vettona entre los ortostatos de este dolmen, como cerámica propia de esta época, lo que ha hecho creer que este megalito fue objeto de culto durante este periodo. Uno de los ortostatos, el número 2, conserva un bueno número de grabados, seguramente de los tiempos en los que este dolmen se construyó.

Foto: arqueolugares.blogspot.com

Fuente: Alfonso Naharro i Riera

En un castro extremeño de la Edad de Hierro ( La Coraja de Aldeacentenera, Cáceres) que descubrimos hace treinta años recogimos una cerámica pintada en rojo, el motivo era un guerrero ibérico con su falcata y a caballo que entregué al Museo de Cáceres… posteriormente aparecieron siete ortostatos colocados en un zócalo, el castro había sido excavado por un arqueólogo imprudente que no le dio mayor importancia a las siete lajas de pizarra a pesar de los grabados de cazoletas y pinturas rojas con que estaban decoradas. Después se supo que formaban parte de una habitación cuadrangular, reaprovechadas y respetadas como parte del culto a sus ancestros: El arqueólogo y profesor Don Antonio González Cordero se percató de los grabados, los analizó y descubrió que pertenecieron a la cámara de un dolmen situado en la proximidad, seguramente ‘in situ' por el material que encontraron, puntas de sílex y otros elementos típicos de esta cultura.

En una de las siete lajas de pizarra (ortostatos) se puede ver un sol, cazoleta con rayos, muy parecido a uno los grabados antes citados de San Lorenzo (San Juan, Ibiza). Los ortostatos de La Coraja están publicados en: “ Cuaderns de Prehistoria i Arqueología de Castelló (diputació de Castelló, nº 22 de 2001)” y ello ha sido una nueva brisa de conocimiento para el estudio de los grabados anteriores al Hierro en España donde las cazoletas sobrevivieron al dolmen y a los ancoriformes como veremos. Las gentes que habitaban La Coraja en la Edad del Hierro respetaron estas piedras pues ello les daba real reconocimiento de propiedad, el culto a los ancestros no se había roto a pesar de las diferentes gentes que habitaron allí, su respeto les daba fuerza ante cualquier avatar extraño, eran los sucesores pues recogieron la antorcha Divina, algo que es una constante en el Hombre, el arquetipo que hace crecer a la Humanidad.


Calco de los grabados del ortostato nº 2 - Foto: researchgate.net

Los Cirigüelos, El Real de San Vicente

Estamos a pocos días de llegar a uno de los grandes festejos ancestrales del año, el antiguo Samaín, el inicio de las tinieblas o del largo invierno en los tiempos primigenios de este festejo. Para nosotros, en la actualidad, es el momento que marca la mitad del otoño. Pero hoy no vamos a hablar del cercano momento en el que dicen que el mundo de los vivos y el de los muertos se entrecruzan de una manera más fluida o sencilla; hoy, nos acercaremos a ese momento, aún no muy cercano, en el que se concentran multitud de mascaradas, antecedentes o "primos hermanos" de las fiestas de carnaval que conocemos, que es el momento de mitad de invierno o antiguo Imbolc. En El Real de San Vicente, población de la comarca de Sierra de San Vicente, comarca que igualmente pocas fechas atrás visitamos en el blog, se celebran Los Cirigüelos, festejo que coincide con San Sebastián, unos días antes de las celebraciones de la Candelaria o de San Blas, que igualmente son una clara cristianización de estos antiguos festejos invernales.
En Los Cirigüelos aparecen tres tipos de personajes: los propios Cirigüelos que, con cencerros en su espalda, pretenden, como ocurre con el resto de cencerradas, despertar a la aletargada Naturaleza; La Hilandera, que pese al nombre del festejo, es el personaje principal, a la que lujuriosamente persiguen Los Cirigüelos; La Maravaca, que es el personaje que nos queda, y que no es otra cosa que el oscuro invierno que se resiste a la fecundidad que ha de venir con la ansiada Primavera, defendiendo a La Hilandera de Los Cirigüelos.
Esperamos poder visitar este pueblo, de bello entorno, en plena Sierra de San Vicente, en la que algunos dicen se hallaba el Monte de Venus de Viriato, y conocer el festejo de Los Cirigüelos. La estampa del El Real de San Vicente, en las faldas de la montaña conocida como La Cabeza del Oso, es espectacular. Volveremos a esta montaña, pues esconde una curiosa evidencia.

Los Cirigüelos - Foto: asociacionelpielago.blogspot.com

Fuente: asociacionelpielago.blogspot.com

El personaje central es la Hilandera, una mujer casada de ver mu buen ver, a las que los Cirigüelos, jóvenes vestidos con pantalón negro, camisa blanca, cencerros en la espalda y varios pañuelos en la cabeza, tratan de levantar la falda. La defiende la Maravaca, y en su defensa trata de quitar los pañuelos de la cabeza con una especie de tenedor de dos dientes. Según la tradición, al joven que descubriera la cabeza, le quitara el pañuelo, tenía que pagar una arroba de vino. Por ese motivo los Cirigüelos llevan cuatro o más pañuelos cubriendo su cabeza. Al final, cansados de que  La Maravaca les quite el pañuelo, los jóvenes cogen a éste y  le bañan en vino. Esto último sólo se simuló.
Los actores dieron la vuelta por todo el pueblo haciendo sonar los cencerros:  el  Barrio Bajo, Llanillo, Barrio Nuevo, Cotanillo de los Barberos,   la calle de Los Caños,  del Arroyo, por  el centro m édico hasta llegar a la Plaza. Los participantes Fueron ocho: La Hilandera, La Maravaca, y seis Ciriguelos. Aunque más estos últimos podian haber sido más.
En la Plaza Después de la representación el Ayuntamiento obsequio a todo el mundo, un refresco o un vino y frutos secos. Tanto en la Plaza como en el Barrio Nuevo, donde tambien se hizo la representación, se dijeron los dichos populares, en forma de romance, ocurridos a los propios jubilados en uno de sus viajes. 
Son bonitas estas tradiciones y entre todos tenemos que conseguir que no se pierdan, para lo cual se necesita la participacion de la gente y cuanta más mejor. Por eso estas celebraciones, en nuestra humilde opinión, se deben hacer los días que hay más personas en el pueblo.


El Real de San Vicente. Detrás la Montaña La Cabeza del Oso - Foto: senderosesotericos.wordpress.com



domingo, 15 de octubre de 2017

El ídolo de Lerilla, Zamarra

Seguimos trayendo ídolos-estela de la Edad del Bronce al blog. Estamos ante una de las manifestaciones más importantes, por el gran número de ejemplos que se han hallado, sobre todo en el occidente peninsular, además de por la interesante información que pueden darnos sobre las creencias y costumbres del final del segundo Milenio y principios del I a. C, a pesar de su complicada interpretación. Muchos de ellos nos recuerdan a menhires, con grabados, lo que ha hecho creer que pudiera ser que dichas piedras ya fueran utilizadas como megalitos en periodos anteriores al momento de ser grabados. En el caso que hoy traemos, el hallado en las inmediaciones del castro de Lerilla, de ahí que se conozca como Ídolo de Lerilla, en el municipio de Zamarra, de la comarca salmantina de Campo de Agadones, aparece principalmente tallada la parte superior, donde se aprecia claramente lo que sería un rostro humano, con una especie de tocado reticular en su parte superior que nos hace creer que pudiera estar representado a una individualidad apreciada por su propia comunidad, a modo de un sacerdote o chamán, de la etnia, o incluso, quien sabe si a una divinidad, pudiendo ser tanto una representación femenina, como masculina. No queremos caer en la fácil identificación con un rey o jefe del poblamiento de turno, a través de la cual siempre se quiere especular con la fácil conclusión de decir que esto demostraría una clara jerarquización de esta sociedad, aunque en muchas ocasiones, es también una de las interpretaciones que se realizan. Hemos de decir que estamos en una zona, la cercana a Sierra de Gata, en el Sistema Central, donde se hallaron bastantes ídolos en una y otra vertiente. En este caso estamos en la vertiente septentrional o salmantina.

El Ídolo de Lerilla se encuentra en la Casa de Cultura de Ciudad Rodrigo - Foto: historiadesdebenavente.blogspot.com

Fuente: historiadesdebenavente.blogspot.com

Uno de los ídolos-estela del norte de la Sierra de Gata es el ejemplar procedentes del castro de Lerilla (Zamarra), hoy en la Casa Municipal de Cultura de Ciudad Rodrigo. 
La figura antropomorfa está realizada sobro un bolo de diabasa de forma apuntada, de unos 110 x 39 cm. La técnica de ejecución ha sido, en su mayor parte, el piqueteado, que ha dejado un surco en forma de “U”, con la excepción de los brazos y las manos, realizados mediante incisión profunda que ha dejado un curso en forma de “V”. 
La representación humana se centra en la parte superior de la pieza, habiéndose dibujado la cara de forma acostumbrada. Sobre el rostro lleva una especie de tocado reticular, coronado, a su vez, por trazos lineales que lo contornean. Debajo del rostro, insinuando el cuello y parte superior del tronco, se han realizado dos líneas curvas concéntricas, similares a las del ídolo de Ciudad Rodrigo (Museo Arqueológico Nacional), si bien en el de Lerilla no se ha dibujado enteramente el tronco. Los brazos son muy pequeños y cortos, terminando en largas manos, todo ello muy esquemático. Hacia la base del tercio superior de la pieza se ha grabado una línea horizontal que recuerda a la de los ídolos de Hernández Pérez y de Salvatierra de Santiago (Cáceres), lo que se ha interpretado como un posible cinturón. 


Representación del Ídolo de Lerilla - Foto: historiadesdebenavente.blogspot.com



viernes, 13 de octubre de 2017

Leyenda del Cerro Garabitas, Madrid

Los lectores de este blog ya saben que andamos tras las huellas de leyendas, ritos, mitos o evidencias de la Antigüedad y de la Prehistoria en la Península Ibérica o, si hablamos de cultos o evidencias actuales, que éstas tengan, más o menos, claras raíces o reminiscencias en aquellos tiempos, como ocurre, principalmente, con muchos festejos y romerías de la actualidad que vamos aportando a este espacio. Hoy, sin embargo, no nos remontamos nada lejos en el tiempo, pues la leyenda que traemos y que, como algunos otros lugares, hemos conocido gracias a nuestro amigo Daniel Salmador, a quien desde aquí damos las gracias, se dice no va más allá, seguramente, del siglo XIX, según hemos podido leer. Nuestra razón de traer este lugar y esta leyenda, es la de que, pese a su cercano origen, nos recuerda a alguno de esos cerros o montañas sacralizados en la Antigüedad, donde moraban los dioses y alrededor de los cuales existían leyendas de todo tipo, aunque muchas de ellas con elementos comunes que, en cierto modo, las emparentaban a unas con otras. En nuestro ejemplo de hoy, no son divinidades, ni encantadas, las protagonistas, sino las almas de los difuntos madrileños, según nos dice la leyenda, las que pasan por el Cerro Garabitas camino del cielo, de donde algunos afirman que puede venir el famoso dicho "de Madrid al cielo".
Hemos de decir que el Cerro de Garabitas es un estupendo mirador, en La Casa de Campo, un conocido y extenso bosque perteneciente a la ciudad de Madrid, con 677 metros de cota y que fue un importante lugar estratégico durante la última Guerra Civil.

Vista desde el Cerro Garabitas - Foto: madridamiles.wordpress.com

Fuente: Madripedia

El cerro de Garabitas se halla en la Casa de Campo. Se dice que las almas de los que han vivido y muerto en Madrid se concentran en este lugar tras su fallecimiento y durante la madrugada emigran al más allá. Muy pocos son los que han podido ver este fenómeno consistente en una especie de nube de color violácea y que se eleva lentamente hacia el infinito. Momentos antes se pueden ver unas pequeñas lucecillas, correspondientes cada una de ellas a un alma, que vagan entre las ramas de los árboles, como intentando aferrarse a este Madrid, como no queriendo marcharse. Por eso hay quien dice que la frase "de Madrid al cielo" tiene su origen en esta leyenda.



Grabados rupestres del Pico del Arrobuey, Caminomorisco

Volvemos a una de nuestras comarcas predilectas, a Las Hurdes; y lo hacemos para dejar constancia, de nuevo, de unos grabados rupestres: los petroglifos del Pico del Arrobuey, en su vertiente perteneciente al concejo de Caminomorisco, en la conocida como Sierra de Horno. Estamos, como en el caso del Tesito de los Cuchillos de la alquería de Castillo, que trajimos al blog, ante una representación de armas: una espada, dos cuchillos o dagas más cortas, un scramasax y parte de otro. En cuanto a su cronología y posible significado han sido, como suele ocurrir ante estas evidencias, muchas las hipótesis planteadas. Se ha hablado de su pertenencia a la Edad del Bronce, en concreto, emparentando estos grabados a las representaciones de armas de las estelas de guerrero típicas del suroeste ibérico; también se habló de la Edad del Hierro, pero la ausencia de tipos afalcatados, de cuchillos curvos o de espadas de antenas, en estos grabados, descartó esta hipótesis; se habló también del periodo romano, emparentando estos petroglifos al caso ya citado del Tesito de los Cuchillos, también de Las Hurdes, perteneciente a dicho periodo histórico; y, por último, una serie de detalles han hecho creer que, verdaderamente, fueron realizados durante el periodo visigodo, como la propia representación del scramasax o sax -como también se le conoce-, siendo ésta un arma blanca típica de tribus germánicas, como la de los francos, la de los sajones o, en el que sería propio del presente ejemplo, la de los godos. Parece que ésta es, por tanto, su verdadera naturaleza. Hemos de decir que, si no se hace nada pronto, estos grabados, junto a un cortafuegos realizado en el monte, corren peligro, pues no se encuentran protegidos en la actualidad como deberían.
En cuanto a su posible significado, dejemos que Antonio González Cordero nos cuente, a través de las siguientes líneas extraídas del último número de la Revista Las Hurdes -nº 35, Época III, julio de 2017-, de la que extraemos también sus fotografías. Resulta muy curiosa la vinculación que realiza con romances y leyendas donde aparece la figura del último rey godo, antes de la llegada de los musulmanes, figura histórica que también se relaciona, por parte de la leyenda, con la no lejana población de Ciudad Rodrigo.




Fuente: Antonio González Cordero, "Los grabados del pico del Arrobuey" - Revista Las Hurdes, nº 35 -julio 2017

No hay pues una idea clara de su significado, ni de la intención de los grabadores, tan sólo una observación detallada del lugar donde se hallan puede ayudarnos a esclarecer parte del misterio que encierran estas figuraciones. En ese sentido, resulta obvio que varios conjuntos comparten ubicación, al reiterar su presencia junto a caminos, circunstancialmente algunos de los más antiguos, es decir, aquellos que con economía de tiempo y esfuerzo permitían desde tiempo inmemorial comunicar el interior de la comarca e incluso atravesarla.
Tal exposición, manifestaría a nuestro juicio un deseo explícito de ser visto, lo cual cabría interpretar, a tenor del significado intrínseco del armamento, como una advertencia para quienes transitan por estas sendas, cobrando sentido así la críptica frase cincelada en el Teso de los Cuchillos -"Arma Mea Cave" (guárdate de mis armas)-.
Otra historia es explicar por qué razones gentes de un mundo que parecía ajeno a Las Hurdes irrumpen repentinamente en su historia legándonos un conjunto de manifestaciones que de otra forma se podría entender como tentativas de establecer delimitaciones territoriales. ¿son acaso expratriados, refugiados, o simplemente transeúntes ocasionales?, posiblemente nunca lo sepamos, pero lo cierto es que protagonizaron uno de los fenómenos más singulares de la iconografía hurdana, y tal vez sin querer, alimentaron los romances y leyendas que muchas veces oí recitar, como probablemente las oyó Romualdo Martín Santibáñez, como aquella que habla del periplo de Don Rodrigo y los últimos guerreros de un reino derrotado, cuyos pasos se pierden en las fragosidades de estas montañas.





 
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